50 Curiosidades sobre A CAPTURA – H
Durante décadas, Joaquín el Chapo Guzmán ha sido protagonista de periódicos, documentales, libros, series y películas. Hemos escuchado sobre su imperio, sus guerras, sus capturas y, por supuesto, sus fugas. La historia del Chapo ha sido contada tantas veces que cuando Netflix anunció una nueva película relacionada con él, era difícil no preguntarse, ¿de verdad necesitamos otra historia sobre el Chapo? Pero ahí es donde esta película marca la diferencia, porque la captura no quiere volver a contar la historia de Joaquín
Guzmán. Quiere contar una que hasta ahora muy pocos conocían. La historia de dos policías que casi por accidente terminaron frente al hombre más buscado y peligroso de México. Los agentes que no formaban parte de la enorme operación diseñada específicamente para encontrarlo y que sobre todo no tenían idea que aquel día sus vidas cambiarían para siempre.
Y es que sin buscarlo terminaron formando parte de uno de los episodios más famosos de la historia reciente de México. Para Chavacartas, director de la captura, el verdadero reto estaba admirar el episodio desde otro lugar. Por eso decidió que Joaquín Guzmán no sería el protagonista de la película y decidió poner el foco en otros personajes que estuvieron involucrados en su captura.
Y esto resulta interesante cuando miramos su trayectoria, porque durante una buena parte de su carrera, Chava cartas ha dirigido principalmente películas de comedia como Mis Reyes contra Godines y Sobreviviendo a Mis 15. Sin embargo, en su carrera también se pueden encontrar proyectos de otro género como Rosario Tijeras, con la que Chava Cartas empezó a desarrollar una idea que terminaría definiendo una parte de su trabajo posterior.
Él no quería contar simplemente historias de criminales, quería contar historias de quienes se enfrentaban a ellos. En el caso de Rosario Tijeras, incluso explicó que aceptó trabajar en el proyecto con la intención de transformar al personaje. No quería presentarla simplemente como una sicaria, quería convertirla en una justiciera.
Y con esto en mente comenzó a trabajar con el productor Francisco González Compean para buscar historias de héroes mexicanos. No héroes perfectos, sino personas comunes que dentro de situaciones extraordinarias deciden hacer lo correcto. Una búsqueda por mostrar que en un país donde tantas historias terminan girando alrededor de la corrupción, la violencia y el crimen, también existen personas que hacen el bien.
Esta visión terminó dando como fruto contraataque, una película de acción estrenada en 2025 en Netflix que sigue un escuadrón de élite del ejército que debe sobrevivir a una emboscada del crimen organizado. Pero después se encontraron con una historia mucho más poderosa y esta vez no tenían que inventar a los héroes, eran reales. Mientras investigaban los acontecimientos alrededor de la tercera captura de Joaquín Guzmán en enero de 2016, el productor Francisco González Compeán llegó a las crónicas del periodista Héctor de Mauleón y ahí encontraron algo que les llamó la
atención. Había muchísima información sobre el Chapo, sobre el Cártel de Sinaloa, sobre la enorme operación que hubo para encontrarlo, pero había muy poco sobre los policías que lo arrestaron. Al revisar los documentos para construir la historia, Chavacartas no pudo evitar cuestionarse qué habría hecho en una situación así.
Se habría aceptado el soborno, dejado escapar a Joaquín Guzmán o tomado la decisión correcta. Y eso fue lo que hizo que la historia le interesara. Porque mientras Joaquín Guzmán se ha convertido en uno de los personajes más retratados del crimen organizado mexicano, la historia de los hombres que lo tuvieron frente a frente había quedado en segundo plano y aquí fue donde tomó una decisión.
En lugar de preguntarse quién era Joaquín Guzmán, decidió preguntarse quiénes eran los hombres que lo detuvieron. Como ya lo mencionamos, la película está basada principalmente en las crónicas de Héctor de Mauleón, pero también en la enorme cantidad de información que existe sobre los acontecimientos de enero de 2016.
Pero el director no quería hacer un documental, quería construir un thriller. Por eso, la película toma ciertas libertades creativas y dramatiza situaciones que más adelante iremos señalando que es real y que es ficción. Sin embargo, hubo algo que Chava Cartas decidió cuidar muy en específico, la perspectiva.
Esta vez no nos iban a contar la historia a través del hombre que siempre es retratado como alguien todopoderoso e intocable. Ahora era la amenaza y él estaba en segundo plano. Como ya lo dijo el mismo director, esta película no se trata del narco, se trata de dos héroes haciendo su trabajo y esta cinta de alguna manera busca rendirles tributo y al parecer esa diferencia fue suficiente para convertirla en un fenómeno porque la captura llegó a Netflix sin ser una de esas enormes producciones de la que llevamos meses escuchando. Pero apenas
unos días después de su estreno, la película mexicana ya estaba conquistando las listas de la plataforma alrededor del mundo. La captura logró entrar al top 10 en decenas de países, convirtiéndose en uno de los éxitos internacionales más inesperados de la plataforma y oficialmente es la película de habla no inglesa más vista del año en Netflix.

Pero para que una historia como esta funcionara, también necesitaron de un elenco capaz de cargar con el peso de esta historia y convertir a estos hombres en personajes memorables. La película está protagonizada por Alfonso Herrera como Arturo Carmona y Noé Hernández como Héctor Rosales. Dos agentes federales que mientras patrullan juntos reciben el reporte de un vehículo robado y al acudir al llamado terminan capturando nada menos que al Chapo Guzmán.
Para Alfonso Herrera, este proyecto también significó volver a trabajar con Chava Cartas, con quien ya había coincidido años atrás en una de las películas mexicanas más recordadas de los años 2000, Amarte Duele. La cinta que además marcó el debut de Poncho Herrero en el cine. Sin embargo, construir estos dos personajes, Carmona y Rosales, no fue tan sencillo como podría parecer, porque aunque la película está basada en hechos reales, los actores no tuvieron la posibilidad de conocer de primera mano a los hombres que interpretan. El mismo guionista
Bernardo Esquinca explicó que el equipo nunca consiguió contactar con los policías reales, ya que sus identidades permanecen protegidas. Así que Alfonso Herrera y Noé Hernández tuvieron que construir a sus personajes a partir de las crónicas y de la información disponible que hay sobre aquella noche. Poncho Herrera explicó que fue la visión de la cinta lo que lo animó a participar porque cuando hablamos de historia sobre el casi siempre el punto de vista termina estando del lado del criminal y esta película representa una oportunidad
para recordar a los héroes mexicanos. Personas que intentan salir adelante día a día, cumplen con su trabajo y toman decisiones difíciles, aún cuando nadie los está viendo. Por otro lado, tenemos a Noé Hernández, a quien hemos visto en infinidad de películas en las que generalmente interpreta personajes más cercanos al lado oscuro.
De hecho, el productor Francisco González Compean contó que necesitaban a alguien quisiera dudar al público si era bueno o era malo. Y justo pensaron en Noé porque siempre la hace de malo. Así que se acercaron a él y le preguntaron, “¿No quieres ser el bueno esta vez?” y el actor aceptó sin dudarlo, pero convertirlo en el bueno no significaba que simplemente cambiara de bando.
Alfonso y Noé trabajaron muy de la mano para entender qué motivaba a estos dos hombres y cómo iban cambiando sus emociones conforme la situación se volvía cada vez más peligrosa. Y mientras Alfonso Herrera y Noé Hernández tenían que interpretar a dos policías de los que prácticamente no existía información, Héctor Cochifakis tenía un problema completamente diferente porque él tenía que interpretar a un hombre que todos creemos conocer, el Chapo.
Y es que Héctor Kotifakis no quería quedarse con la versión que durante años habíamos visto en las noticias, las series y los documentales. Quería descubrir qué había detrás de esa imagen. Así que comenzó a hablar con personas que habían convivido con Joaquín Guzmán durante su tiempo en prisión.
Entre ellas estaba su maestro de teatro en el antiplano, la persona que realizó su perfil psicológico y también escuchó algunas de sus llamadas telefónicas y resultó que mientras más investigaba más se alejaba del personaje que creía conocer. Según contó el actor, incluso la persona encargada de analizar psicológicamente a Guzmán tuvo dificultades para clasificarlo porque cuidaba muchísimo lo que decía y la manera en que se mostraba frente a los demás.
Era reservado, educado y extremadamente cuidadoso. Pero entre toda esa investigación apareció un detalle que probablemente Héctor Kuchifaquis jamás imaginó encontrar. El Chapo había tomado clases de teatro en prisión. Y no solamente eso, había preparado unos monólobos de don Juan Tenorio. Su maestro le pidió que interpretara al personaje con acento español.
Guzmán practicó hasta conseguirlo, pero el problema llegó el día de la presentación cuando frente al público su acento sinaluense se hizo presente. La gente se rió, Guzmán se bloqueó y al final terminó abandonando el escenario. Para el actor conocer historias como esta era importante porque le permitía acercarse a un lado de Guzmán, que normalmente queda fuera de estas historias, no con la intención de justificar sus actos, sino para entender sus contradicciones, porque detrás de la figura del capo, que durante años parecía tener el control de
todo, también existía un hombre vulnerable y extremadamente cuidadoso con lo que mostraba de sí mismo. Y eso fue lo que el actor llevó a la pantalla. Pero recrear la captura del Chapo significaba también reconstruir una noche que ocurrió hace una década y eso implicaba recrear incluso una corporación que hoy ya no existe.
La historia ocurre en 2016 cuando los protagonistas todavía formaban parte de la policía federal, así que la producción tuvo que recrear para la película desde los uniformes hasta las patrullas que utilizaban los agentes en aquella época. Pero eso fue apenas el comienzo, porque para reconstruir aquella noche tampoco podían simplemente regresar al lugar donde pasó todo.
Aunque la historia real ocurre en Los Mochi Sinaloa, la captura se filmó en Chihuahua, donde durante aproximadamente dos meses utilizaron calles, carreteras y distintos espacios de la ciudad para usarlos como escenarios. Sin embargo, hubo una escena que resultó especialmente difícil, la del famoso túnel por el que escaparon el Cholo Iván y el Chapo Guzmán.
Inicialmente pensaron en utilizar un túnel real. El problema era que tenían que inundarlo y evidentemente no podían hacerlo. Así que esta idea fue descartada muy rápidamente y entonces tomaron una decisión. tenían que construir uno desde cero. El equipo de diseño de producción hizo una réplica dentro de un enorme contenedor de ferrocarril.
Después lo llevaron hasta una alberca olímpica que ya no estaba en funcionamiento a las afueras de Chihuahua y luego la llenaron con pipas. El verdadero problema fue que el rodaje se llevó a cabo en noviembre, así que el agua estaba helada. Héctor Kotifakis contó que apenas podían permanecer dentro durante unas cuantas tomas antes de que sus pies comenzaran a entumirse, por lo que tenían que salir, calentarse y volver a entrar hasta conseguir esta secuencia.
Pero antes de saber qué tan fiel es la captura a los acontecimientos que rodearon aquella noche, tenemos que ir mucho más atrás, porque mucho antes de convertirse en el Chapo, Joaquín Guzmán lo era, fue simplemente un niño de la tuna. Un pequeño poblado rural de Badirahuato, Sinaloa, ubicado entre las montañas de la Sierra Madre Occidental.
Creció en una familia numerosa y extremadamente pobre. Sus padres, Emilio Guzmán y María Consuelo Loera, tuvieron al menos 11 aunque tres murieron siendo pequeños. En casa el dinero apenas se alcanzaba para sobrevivir y desde niño tuvo que trabajar para ayudar a su madre vendiendo naranjas, refrescos y dulces.
La escuela pronto quedó en segundo plano y apenas y cursó hasta tercero de primaria. Pero la pobreza no fue lo único que marcó aquellos años. Su padre, un hombre dedicado al campo y según distintos testimonios al cultivo de Mariana y Amapola, también era un hombre muy violento con sus hijos. Tanto que Joaquín incluso llegó a refugiarse con su abuela materna para escapar de los golpes.
Así creció entre carencias, violencia y un entorno donde el narcotráfico ya formaba parte de la vida cotidiana. Joaquín tenía alrededor de 15 años cuando comenzó a cultivar Marina y venderla a través de su tío Pedro Avilés Pérez, conocido como el león de la Sierra, uno de los principales traantes de Sinaloa y una figura clave en las primeras rutas de hacia Estados Unidos.
Por ese entonces, Joaquín comenzaría a ser conocido como el Chapo, un apodo relacionado con su baja estatura. Tras eles Pedro Avilés en 1978, la estructura comenzó a transformarse. Miguel Ángel Félix Gallardo, Ernesto Fonseca Carrillo y Rafael Caro Quintero fueron ganando protagonismo hasta construir desde Guadalajara una organización mucho más grande, el cártel de Guadalajara, dando paso a una nueva generación de tráficante los años 80, Joaquín Guzmán terminó trabajando dentro de esa estructura como operador, fue escalando posiciones y
terminó participando en el movimiento de grandes cargamentos de Pero en 1985, tras el asesino Enrique Kiki Camarena y la posterior detención de Caro Quintero y Doneto, la organización comenzó a debilitarse. Cuando Félix Gallardo fue detenido en 1989, el cártel de Guadalajara terminó por fragmentarse y el poder comenzó a repartirse entre distintas organizaciones.
Los Arellanos Félix consolidaron su poder en Tijuana hasta formar el cártel de Tijuana. Amado Carrillo Fuentes terminó convirtiéndose en la figura principal del cártel de Juárez, mientras en Sinaloa comenzaron a ganar cada vez más fuerza Joaquín Guzmán, Héctor Palma e Ismael Zambada. Fue precisamente en esta fragmentación donde Joaquín dejaría de ser un operador para construir su propia organización y con el tiempo él y Zambada terminarían convirtiéndose en dos de los principales líderes del cártel de Sinaloa. Pero antes de
convertirse en uno de los capos más poderosos del mundo, Joaquín Guzmán tendría que enfrentarse por primera vez a la justicia. En 1993, la violencia entre los grupos de Guzmán y los Arellano Félix alcanzó uno de sus momentos más graves con el asato del cardenal Juan Jesús Posadas o Campo en el aeropuerto de Guadalajara.
Según la versión oficial, los sicarios de los Arellano Félix habían ido al aeropuerto para acabar con Joaquín Guzmán, pero confundieron su vehículo con el del Cardenal y terminaronándolo a él. La parte del cardenal desató una enorme presión sobre el gobierno mexicano que lanzó una cacería contra Guzmán.
Joaquín salió de México y huyó hacia Guatemala, pero el 9 de junio de 1993 fue capturado cerca de la frontera con México y entregado a las autoridades mexicanas. Joaquín Guzmán Loera fue condenado a más de 20 años de prisión y enviado al penal de máxima seguridad de Almoloya. En 1995 fue trasladado a Puente Grande en Jalisco, donde obtuvo privilegios y condiciones muy distintas a las de un preso común.
Una prisión que con el tiempo terminaría dejando el descubierto graves problemas de corrupción. Ahí permaneció casi 6 años hasta que el 19 de enero de 2001 simplemente desapareció. De acuerdo con la versión oficial, salió escondido en un carrito de lavandería con ayuda de un empleado del penal. Joaquín Guzmán acababa de convertirse por primera vez en un fugitivo y aquí es donde empieza realmente el mito del Chapo.
Tras escapar de Puente Grande, Joaquín Guzmán regresó al negocio y se volvió todavía más poderoso, pues junto a Ismael, el Mayo Zambada consolidó el poder del cártel de Sinaloa. La organización expandió sus operaciones por México, Estados Unidos y otros países, convirtiéndose en una de las redes de tráfico de drogas más importantes del mundo.
En 2009, la revista Forb incluyó por primera vez en su lista de multimillonarios. El hombre que llevaba 8 años prófugo apareció ahora en la misma lista que algunos de los empresarios más ricos del planeta. Según el testimonio de uno de sus antiguos colaboradores, Guzmán tenía jets privados, ranchos, propiedades, yate y hasta un zoológico privado.
Pero su poder no se medía solamente en lo que podía comprar, sino en la organización que había construido. Para entonces, el Chapo ya no era simplemente un narcotraficante buscado por las autoridades. se había convertido en uno de los hombres más poderosos del crimen organizado. Pero después de más de una década como fugitivo, en 2014, la persecución finalmente alcanzaría a Joaquín Guzmán lo era.
Durante más de una década, Joaquín Guzmán consiguió mantenerse un paso por delante de las autoridades, pero en 2014 las autoridades comenzaron a acercarse cada vez más a él. A principios de ese año, fuerzas especiales mexicanas llegaron hasta una casa en Culiacán, pero Guzmán logró escapar por un túnel conectado al sistema de drenaje utilizando una salida oculta debajo de una bañera.
Semanas después, el 22 de febrero, las autoridades finalmente lo encontraron en un departamento del edificio Miramar en Mazatlán. Esta vez no hubo túnel, no hubo persecución. Joaquín Guzmán fue detenido. Después de 13 años como fugitivo, el Chapo volvió a estar tras las rejas. No obstante, esta vez su paso por la prisión duraría apenas 17 meses.
Fue recluido nuevamente en el penal de máxima seguridad del altiplano, el mismo lugar del que había sido trasladado dos décadas atrás. La captura había sido presentada por el gobierno de Enrique Peña Nieto como un gran golpe contra el narcotráfico. Pero el 11 de julio de 2015 esa victoria se convirtió en una humillación.
Aquella noche Guzmán entró al área de la regadera y desapareció. Bajo el penal había construido un túnel de aproximadamente 1,m5. El túnel tenía iluminación, ventilación y hasta una motocicleta para facilitar su escape. Según lo que reportaron los medios, la construcción habría costado alrededor de 5 millones de dólar y la noticia, evidentemente le dio la vuelta al mundo.
Por segunda vez, Joaquín Guzmán había conseguido escapar de una prisión de máxima seguridad, pero esta vez había algo diferente. Ya no era solamente un fugitivo. Para muchos acababa de convertirse en una leyenda por la manera en que lo había hecho. Durante casi 6 meses, Joaquín Guzmano Lo era volvió a estar libre. Se movió entre distintos escondites mientras las autoridades intentaban reconstruir sus movimientos para localizarlo, pero en medio de esa persecución hizo algo inesperado.
Decidió contar su propia historia. Fue durante este periodo cuando entró en contacto con la actriz Kateel Castillo para hablar sobre una posible película sobre su vida, a quien cabe mencionar admiraba por su papel en la reina del sur. El proyecto se puso todavía más serio cuando Kate involucró a un productor de Hollywood que a su vez involucró al actor Sean Pen.
En octubre de 2015, los tres viajaron para reunirse con Guzmán en un lugar secreto. La reunión permaneció oculta durante meses hasta el día de su detención, cuando las autoridades revelaron que los contactos y mensajes que Guzmán había mantenido con Kate del Castillo habían formado parte de la investigación que permitió avanzar en su localización.

Lo inesperado ocurrió justo al día siguiente de la captura del Chapo cuando la revista Rolling Stones publicó la entrevista de Sean Pen bajo el título El Chapo habla, una visita secreta al hombre más buscado del mundo. De pronto, aquella reunión secreta dejó de serlo y mientras la historia le daba la vuelta al mundo, las autoridades mexicanas también comenzaron a investigar a Kate del Castillo e incluso llegaron a emitir una orden para localizarla y presentarla a declarar.
Después de 6 meses como fugitivo, el Chapo había sido capturado por tercera vez, pero esta vez su historia estaba a punto de cambiar para siempre. Y con ello llegamos a los acontecimientos que años después inspirarían la captura. Pero, ¿qué tanto de lo que vemos en la película ocurrió realmente? Aquí vamos a averiguarlo. Después de escapar del antiplano en julio de 2015, Joaquín Guzmán volvió a esconderse.
Durante meses, las autoridades mexicanas intentaron reconstruir sus movimientos para encontrarlo, pero esta vez no estaban trabajando solos. La persecución contó con la colaboración de agencias estadounidenses, principalmente en materia de inteligencia y tecnología. Sin embargo, el operativo que finalmente llevaría su captura fue ejecutado por fuerzas mexicanas, especialmente por la Marina, que ya había participado en la captura de Guzmán en 2014.
Y así poco a poco comenzaron a acercarse. A principios de enero de 2016, las autoridades localizaron a uno de los hombres más cercanos a Guzmán, Orso Iván Gastel, alias el Cholo Iván, uno de sus principales operadores y jefe de seguridad. Sus movimientos llevaron a los investigadores hasta una casa en el fraccionamiento Las Palmas en los Mochis, Sinaloa.
La vivienda llevaba un tiempo siendo vigilada y la madrugada del 8 de enero de 2016 la Marina puso en marcha la operación. 17 elementos de la marina irrumpieron en el inmueble con apoyo de otras fuerzas federales. Lo que siguió fue un enfrentamiento que dejó cinco sicarios muertos, seis detenidos y un elemento de la marina herido.
Pero en medio del operativo, Joaquín Guzmán y el Choro Iván consiguieron escapar y nuevamente el Chapo encontró una forma de desaparecer y sí, otra vez lo hizo a través de un túnel. La salida estaba escondida detrás de un espejo falso dentro de uno de los vestidores de la casa. Detrás había una escalera que conducía un túnel que conectaba con el sistema de drenaque de los Mochis.
Así que mientras arriba la Marina revisaba habitación por habitación intentando encontrarlo, el Cholo y el Chapo ya estaban bajo tierra. Los marinos tardaron alrededor de hora y media en localizar la verdadera entrada al túnel. Para entonces, ambos fugitivos ya habían avanzado bastante, pero su plan presentó un problema.
Según el reporte de la Comisión Nacional de Seguridad, eran las 9:08 de la mañana cuando el Chapo y el Cholo salieron por una alcantarilla de los Mochis. Ambos estaban completamente mojados y cubiertos de lodo. El Chapo llevaba apenas una camiseta de tirantes y una pistola. El cholo estaba prácticamente en ropa interior y cargaba un arma larga, pero ahora tenían otro problema.
Necesitaban escapar de una ciudad que ya estaba completamente movilizada para encontrarlos, así que decidieron robar un coche. Bueno, en realidad fueron dos. El primero fue un Volkswagen Jetta Blanco que se descompuso y los dejó varados, así que detuvieron a otro conductor para robarle su automóvil a punta de pistola. Esta vez fue un Ford Focus rojo y fue el coche que terminó cambiándolo todo, porque mientras intentaban desaparecer entre las calles de los Mochis, las autoridades ya habían recibido el reporte del vehículo robado. Cuando una
patrulla de la Policía Federal detectó el auto en la carretera, los agentes lo detuvieron sin tener la más remota idea de quién viajaba dentro. Y aquí es donde esta historia se cruza con nuestros protagonistas. Y es aquí donde la película se toma varias libertades creativas, porque como ya lo mencionamos antes, Arturo Carmona y Héctor Rosales no son los nombres reales de los agentes y tampoco fueron solamente dos.
Los primeros en detener el Ford Focus fueron dos agentes de la policía federal, pero después llegaron otros dos como refuerzo. Así que en total fueron cuatro los agentes que terminaron custodiando a Joaquín Guzmán y el Cholo Iván. Y aunque existe un testimonio, todo es sobre lo que vivieron aquella madrugada. Evidentemente no hay información pública sobre sus historias personales y la película justo necesitaba conocer a los hombres detrás del uniforme.
Así que todas las conversaciones entre ellos, la parte de Carmona como un hombre de familia y Rosales como un policía veterano y solitario es ficción. Lo que sí ocurrió fue lo verdaderamente extraordinario, la captura. Tal como ocurre en la película, la detención fue bastante tranquila. Según el testimonio de uno de los agentes conocido bajo el pseudónimo de El Tiburón, cuando detuvieron el vehículo, el Cholo les pidió que le echaran la mano porque llevaba el patrón.
Fue entonces cuando la gente fue a comprobar a quién se refería y descubrió que se trataba del Chapo. Aún así, los dos fueron esposados y subidos a la patrulla. Pero durante el trayecto, Guzmán insistió en que lo llevaran a Che Ríos, asegurando que ahí estaba su gente y que podían ayudarlos. El agente fingió acceder, ya que tenía muy claro que si lo llevaba hasta ahí le esperaba una muerte segura.
Primero pensó en llevarlo a las oficinas de la Policía Federal, pero eso significaba entrar a la ciudad y el riesgo era demasiado grande. Después recordó la guarnición militar que estaba sobre la carretera. Esta parecía la opción más segura, pero mientras avanzaban vio varias camionetas sospechosas a lo lejos y sintió miedo.
Fue entonces cuando vio un hotel que conocía porque según su testimonio a veces iban a comer ahí. Fue así como terminaron en el hotel y Dooks, que en la película, por alguna razón fue renombrado como el motel del puerto, un hotel que aún sigue en funcionamiento y que durante un tiempo se convirtió en una especie de punto turístico porque la gente hasta se detenía para tomarse fotos.
Ahí fue en la habitación 51 de este lugar donde comenzó la negociación. El Chapo intentó comprar su libertad. En la película nos dicen que llegó a ofrecerles hasta 15 m000ones a cada policía, pero en la vida real la cifra fue mucho mayor. El testimonio de la gente que fue publicado por el gobierno de México, cuenta que Guzmán llegó a ofrecerle 50 millones de dólares, además de dos o tres empresas en Sinaloa, a cambio de que lo dejaran ir, pero el policía no aceptó.
Fue también en ese lugar donde se tomó la famosa fotografía del Chapo sentado a la orilla de la cama. todavía con la ropa sucia y llena de lodo, una imagen que terminaría dándole la vuelta al mundo. De hecho, ahorita con todo este tema de la película, Héctor de Mao León compartió algunos videos inéditos de aquel día. Años después, el policía contó que mucha gente llegó a preguntarle que por qué no había aceptado el dinero y su respuesta fue bastante sencilla.
Aún con todo su dinero, había visto el Chapo sucio, mojado, recién salido del drenaje y maloliente, y pensó, “¿De qué me sirven 50 millones de dólares si voy a terminar viviendo como él, huyendo?” Y como él mismo resumió, como policía hice lo que debía hacer. Aunque la película se siente como una eternidad, la realidad fue muy diferente.
En realidad, los agentes pasaron alrededor de 20 minutos a solas con el Chapo. Como ya vimos, eran cuatro policías. Dos permanecieron en la habitación 51, mientras los otros dos vigilaban desde la azotea. Después comenzaron a llegar los refuerzos. Primero, seis policías más y finalmente la marina y el ejército.
Al final, el gobierno mexicano presentó la recaptura como un operativo conjunto, reconociendo la participación de la policía federal, la marina y el ejército, además del trabajo de inteligencia del CISEN. Si te preguntas qué pasó con los policías, pues básicamente se volvieron anónimos. Sus nombres nunca fueron revelados públicamente.
En 2016, el gobierno anunció que serían condecorados, promovidos y protegidos y que serían trasladados para evitar posibles represalias. La ceremonia se realizó de manera privada, precisamente para mantenerlos en el anonimato. Y, tal como lo señala la película Al final, sus identidades permanecen protegidas. El 8 de enero de 2016, Joaquín Guzmán Loera fue capturado por tercera y última vez.
Después de permanecer detenido en México durante un año, el Chapo fue extraditado a Estados Unidos en enero de 2017, donde enfrentó uno de los juicios por narcotráfico más importantes de la historia reciente. En febrero de 2019 fue declarado culpable de los 10 cargos que enfrentaba y meses después fue sentenciado a cadena perpetua más 30 años adicionales de prisión.
Actualmente cumple su condena en ADX Florence, una prisión federal de máxima seguridad en Colorado, clasificada como la más segura del mundo. A diferencia del Chapo, el Cholo Iván permaneció detenido en México durante varios años hasta que finalmente fue extraditado a Estados Unidos en abril de 2023.
Actualmente permanece detenido en Estados Unidos, donde enfrenta cargos federales por narcotráfico y por el uso de armas de fuego en relación con estos delitos. El Cholo Iván todavía no ha sido condenado. Su caso continúa abierto y de ser declarado culpable podría enfrentar cadena perpetua por el cargo de narcotráfico, además de 30 años adicionales por el cargo relacionado con armas.
Así que mientras el Chapo ya cumple una sentencia de cadena perpetua, el Cholo Iván todavía espera que se resuelva su caso en Estados Unidos. Y aunque aquella captura no fue el final de la historia, sí marcó el último capítulo de la vida de Joaquín Guzmán Lo era como hombre libre. Después de décadas escapando de prisiones, túneles y operativos, el Chapo finalmente terminó en una prisión de la que parece no haber escapatoria.
Aunque conociendo su historial, ¿quién sabe? Después de ver la película, creo queda una pregunta difícil. ¿Qué habrías hecho tú en el lugar de esos policías? ¿Ariesarías tu vida para detener al Chapo o aceptarías su oferta? Te leo en los comentarios. Si te gustó este video, dale like y comparte porque eso me ayuda muchísimo.
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