Lamine responde a Mbappé sobre a Bola de Ouro e deixa todos os seus rivais em polvorosa – H

Esta noche estáal ya la guerra más sucia por el Balón de Oro que se recuerda y ha empezado con unas declaraciones que nadie esperaba escuchar hoy. Dos futbolistas exigiendo en público el mismo premio, cada uno convencido de que el trofeo tiene que ser suyo. Un entrenador que se ha desenmascarado con sus propias palabras de hace 14 años intentando defender a uno de los dos y un excompañero que lleva meses guardando rencor y que hoy ha decidido que ya no se calla más.

Nadie se esperaba esto hace una semana. Pero antes de contarte todo, necesito que entiendas cómo hemos llegado hasta aquí, porque si no entiendes el punto de partida, no vas a entender la dimensión real de lo que ha pasado hoy. Suscribíos si todavía no lo habéis hecho, porque este vídeo va a dar mucho que hablar.

Vamos, para entender la guerra que se ha desatado esta semana por el Balón de Oro, primero hay que entender que estamos ante la edición más reñida de la historia reciente de este premio. No hay un favorito claro. Y eso en un año normal sería una curiosidad estadística. Pero este año no es un año normal.

Este año hay 30 candidatos y ni uno solo de ellos tiene el camino despejado. El mundial de Norteamérica debía aclarar quién es el mejor futbolista del planeta y en lugar de aclararlo lo ha complicado todavía más. España se proclamó campeona del mundo, el equipo con más presencia culé de la historia reciente de la selección con 10 jugadores del Barça en la final.

Y eso debería haber dejado las cosas claras, pero no las ha dejado claras del todo, porque el Reglamento del Balón de Oro no valora solo los títulos, valora también el rendimiento individual, la temporada completa de club y selección. Y ahí es donde el debate se pone servido. La gala se celebra el 26 de octubre y por primera vez en 70 años de historia no se celebra en París, se celebra en Londres coincidiendo con el aniversario del primer Balón de Oro que ganó Stalin Matthews en 1956.

100 periodistas de 100 países distintos van a votar. Cada uno elige su top 10 particular, 15 puntos al primero, 12 al segundo y así hasta el décimo puesto. Y entre esos 30 candidatos hay dos nombres que llevan semanas por encima de todos los demás en la conversación pública. No porque hayan sido matemáticamente los mejores del año, sino porque los dos, cada uno a su manera, han decidido salir a reclamar el premio en voz alta, algo que en la historia de este galardón casi nunca se había visto con esta desvergüenza. Uno de ellos levantó la

Copa del Mundo hace menos de dos meses. El otro fue el máximo goleador de ese mismo mundial y terminó su carrera mundialista como el mejor artillero de la historia de las copas del mundo, superando incluso a Messi. Ninguno de los dos fue el mejor jugador de su propia competición. Gbarazkelia fue elegido mejor jugador de la Champions.

Rodri fue elegido mejor jugador del mundial. Harry Kane terminó siendo el máximo goleador del año natural con una cifra que roza lo indecente y sin embargo, estos dos futbolistas llevan semanas convencidos, cada uno por su lado, de que el trofeo tiene que ser suyo. ¿Por qué dos jugadores que ni siquiera fueron los mejores en sus propias competiciones se sienten con derecho a exigir el premio más importante del fútbol individual? Esa pregunta es la que ha desatado todo lo que vamos a contar ahora. Pero antes de

entrar en la guerra directa entre estos dos, hay que dejar claro que la lista de candidatos es muchísimo más amplia. Fabián Ruiz ganó la Champions con el PSG y ganó el Mundial con España, el único candidato con ese doblete exacto esta temporada. Vitinha fue clave en el bicampeonato europeo de su club, aunque su mundial con Portugal fue muy discreto.

Bellingham tuvo un año flojo con el Real Madrid, pero se destapó en el Mundial con Inglaterra. Michael Olise firmó una temporada descomunal con el Bayern y terminó siendo el máximo asistente de la historia de una Copa del Mundo. E incluso Messi con 39 años ha vuelto a colarse entre los 30 nominados tras un mundial que nadie esperaba de él, llevando a Argentina hasta la final y siendo durante varias semanas el máximo goleador histórico de los mundiales hasta que Mbappé le arrebató el récord.

Con esta cantidad de nombres y de argumentos repartidos por todas partes, la votación de este año se presenta como la más impredecible que se recuerda. Y todo empezó hace unas semanas cuando uno de los dos salió a hablar primero. Killian Mbappé, máximo goleador de la Liga española con el Real Madrid, máximo goleador de la Champions League y máximo goleador de la historia de los mundiales tras su actuación en Norteamérica con 22 goles repartidos en tres ediciones, 42 goles en 44 partidos con la camiseta blanca esta temporada.

Números de otro planeta, pero ni un solo trofeo colectivo con el Real Madrid este curso. Ni Liga, ni Champions, ni siquiera la Copa del Rey. Y con Francia eliminado en semifinales por España. En cualquier otro año, esos números sin títulos habrían sido descalificatorios de manera automática, pero Mbappé decidió que este año la norma no escrita del fútbol no le aplicaba a él y salió a decirlo con estas palabras exactas recogidas por su entorno tras las semifinales del Mundial.

Ser el máximo goleador de la historia de la Copa del Mundo y pasar por delante de todas las grandes leyendas de la historia del deporte en el torneo más importante que existe es algo que quema la retina, un acontecimiento mundial. ¿Por quién voto? Por mí. Léelo otra vez. Un futbolista votando abiertamente por sí mismo, sin ningún tipo de pudor, en la previa de la gala más importante de su carrera y no se quedó ahí.

En una entrevista posterior para el equipo, fue todavía más lejos comparándose directamente con el dúo que dominó el fútbol mundial durante 15 años. Mi idea del Balón de Oro es la de la época de Messi y Ronaldo. Nunca se lo dan a un jugador normal, sino a jugadores diferentes. Y creo que este año hecho cosas diferentes.

Por eso considero que puedo ganar, se ha comparado con Messi y con Cristiano Ronaldo en su mejor momento. Dos futbolistas que ganaban Champions, que ganaban ligas, que rompían récords colectivos e individuales al mismo tiempo, temporada tras temporada. Mbappé se compara con esa era sin haber levantado ni un solo trofeo esta temporada, sin haber sido el mejor jugador de la Champions, sin haber sido el mejor jugador del mundial.

Y aquí es donde el asunto se pone todavía más incómodo, porque las reacciones a estas declaraciones no han tardado en llegar y no precisamente de gente que se pueda ignorar fácilmente. En programas de televisión franceses, exjugadores y comentaristas de referencia han salido a destrozar el discurso de Mbappé sin ningún tipo de filtro.

Uno de ellos, con años de carrera como lateral internacional francés lo resumió así en directo. No puedes dar el Balón de Oro a alguien que no ha ganado ningún trofeo. Es absurdo, es ridículo. Y otro analista fue todavía más lejos calificando el discurso de Mbappé como un ejercicio de ego que ya roza el bochorno. Nadie piensa que fuiste el mejor jugador del mundo la temporada pasada cuando encima no has ganado ni un solo trofeo.

está haciendo un ridículo sin igual y es además el capitán de la selección francesa. Dentro de su propio país, en su propio idioma, delante de su propia gente, Mbappé está siendo tratado como un futbolista que ha perdido la cabeza con su propio ego y no se quedaron ahí. Otro comentarista en el mismo programa fue todavía más allá al analizar la comparación de Mbappé con Messi y Cristiano.

¿En qué cabeza cabe esto? ¿Quién asesora este futbolista si fuera la mina el que hablara así comparándose con Messi y Cristiano, ¿qué se estaría diciendo de él? Una pregunta que deja en evidencia el doble rasero con el que se está tratando a Mbappé incluso dentro de su propio país. Y remataron con un dato que deja sin argumentos cualquier defensa de su candidatura desde los números puros.

Mbappé lleva 22 goles acumulados en tres mundiales, la cifra más alta de la historia. Pero para llegar a esa cifra ha necesitado tres ediciones completas. 18 partidos jugados a lo largo de 8 años de carrera. No es una gesta conseguida en un solo torneo, es una acumulación repartida en casi una década.

Y hay un dato que estos mismos analistas repitieron una y otra vez para desmontar el discurso de Mbappé desde la estadística pura. Si hablamos de quién marcó más goles en el año natural completo, ese no es Mbappé, es Harry Kane con una cifra que se acerca a los 73 goles entre Bayern y selección inglesa. Kan, además, ganó la Bundesliga, llegó a semifinales de Champions y llevó a Inglaterra hasta el tercer puesto del Mundial con más goles que Mbappé y con títulos de por medio.

Y todavía hay más. Hay un episodio reciente en el fútbol español que retrata perfectamente la hipocresía con la que se está moviendo parte del entorno mediático madridista en toda esta historia. Hace apenas unos meses, cuando sonaba con fuerza que Rodri podía fichar por el Real Madrid, la conversación en programas de tertulia era unánime.

Preguntados por quién debía ganar el Balón de Oro, la respuesta era siempre la misma. Rodri, Rodri, Rodri, el capitán de la selección española, futuro fichaje del Real Madrid, era presentado como el candidato natural, el flamante Balón de Oro que iba a vestirse de blanco. Pero Rodri no fichó por el Real Madrid, Rodri fichó por el FC Barcelona y en el momento exacto en que esa operación se confirmó, el discurso cambió de la noche a la mañana en esos mismos programas.

Las mismas voces que meses antes pedían el Balón de Oro para Rodrí, cuando se les repitió la pregunta con Rodri ya vestido de azul grana, cambiaron de nombre sin ningún tipo de vergüenza. Ahora pedían el Balón de Oro para Mbappé, el mismo argumento, la misma pregunta, pero con el resultado condicionado, ¿por dónde jugaba cada candidato? Eso no es periodismo deportivo, eso es propaganda con nombre y apellido y ha quedado retratada delante de todo el mundo.

Y mientras todo esto ocurría, mientras Mbappé exigía el Balón de Oro y su propio país lo destrozaba por hacerlo, había otro futbolista observando todo en silencio. Un futbolista que hace apenas unos días había respondido con mucha más calma a la misma pregunta. Antes del partido contra el Feon Orden Champions le preguntaron directamente si merecía ganar el Balón de Oro este año y su respuesta fue prudente, medida casi elegante.

No depende de mí, depende de vosotros. El trabajo con el Barça y la selección ha sido increíble. Tengo opciones, hice un gran año, pero veremos. No creo que necesite hacer campaña. Esa frase generó elogios. Se habló de madurez, de clase, de un chaval de 19 años que sabía estar en su sitio mientras el francés se ponía en evidencia solo.

Pero eso fue hace unos días y lo que ha pasado en las últimas horas cambia completamente esa narrativa. La min. Hoy mismo en una entrevista con Jorge Valdano para Movistar Plus, Lamin ha dado un giro de 180 gr respecto a esa declaración prudente de hace unos días y lo ha hecho sin ningún tipo de ambigüedad. Baldano le preguntó directamente a quién le daría él el Balón de Oro.

Y Lamí respondió así, palabra por palabra. Yo creo que este año me lo merecería yo por lo que he ganado. Y siguió sin cortarse ni un poco. Para mí somos Mbappé y yo los dos mejores del mundo. Para mí está claro, y todo el mundo que ve los partidos lo sabe. Detente en esa frase un segundo. El mismo chaval que hace unos días decía que no necesitaba hacer campaña, hoy se ha autoproclamado junto a Mbappé como uno de los dos mejores futbolistas del planeta y ha dicho explícitamente que este año se merece él Balón de Oro. Vamos a repasar sus

argumentos porque los tiene y son de peso. Laming ganó la liga con el Barça, fue campeón del mundo con España, jugó los ocho partidos del Mundial y fue determinante en momentos concretos como el gol contra Arabia Saudí o el penalti que provocó ante Francia en semifinales. Su temporada acabó con 24 goles y 17 asistencias pese a arrastrar problemas físicos buena parte del curso.

Pero también hay sombras en su candidatura que él mismo parece estar ignorando en esta entrevista. Su mundial no fue especialmente brillante en cuanto a números, con un solo gol en los ocho partidos disputados. Y el Barça cayó eliminado en cuartos de final de la Champions, un tropiezo que también le resta puntos frente a otros candidatos con más peso continental.

Aún así, decidió salir hoy a reclamar el premio con la misma contundencia que Mbappé, sin dejar espacio a la duda ni al matiz. y no ha sido el único dentro del vestuario coué que ha salido hoy mismo a respaldarle sin ningún tipo de disimulo. Eric García. El central catalán, justo después de conocerse las declaraciones de Miní, ha soltado una frase que ha terminado de encender la polémica todavía más.

El podio del Balón de Oro debería ser de jugadores del Barça. Creo que la min debería ganarlo. Un compañero de vestuario saliendo en el mismo día a reforzar públicamente la candidatura de la min como si el propio club estuviera coordinando una campaña abierta para presionar a los 100 periodistas que van a votar.

Y aquí es donde el paralelismo con el discurso de Mbappé se vuelve todavía más evidente, porque si a Mbappé se le critica por autoproclamarse el mejor y arrastrar a su entorno hacia esa narrativa, a La Min se le está permitiendo exactamente lo mismo, con un compañero saliendo el mismo día a respaldar sus palabras sin que nadie hable todavía de ridículo ni de bochorno.

El doble rasero, otra vez encima de la mesa. Esto no es la historia de un futbolista con clase frente a otro con el ego desbocado. Esto es una guerra de egos entre dos futbolistas de 19 y 27 años que han decidido, cada uno a su manera y en su propio momento, reclamar en público un premio que se supone que debería elegirlo el mundo entero, no ellos mismos.

Y aquí es donde entra en juego el tercer protagonista de esta historia, el hombre que se suponía que iba a quedarse al margen de toda esta polémica. Mourinho. Mourinho, entrenador con un perfil mediático descomunal, ha entrado esta semana en la conversación del Balón de Oro con una frase que respalda abiertamente la candidatura de Mbappe.

Dijo textualmente esta semana que el ganador del Balón de Oro puede perfectamente ser alguien que no haya ganado ningún trofeo con su equipo. Escúchalo bien, porque lo que viene ahora es la parte que nadie está contando con la claridad que merece. En el año 2012, cuando Messi hizo la barbaridad de marcar 91 goles en un solo año natural, un récord que sigue en pie hoy. Murí dijo exactamente lo contrario.

Sus palabras textuales de aquel año fueron estas. Y otra cosa, Balón de Oro sin ningún trofeo de equipo, el mismo hombre 14 años después, diciendo lo contrario de lo que dijo entonces, según le convenga en cada momento y según a quien esté defendiendo. Cuando el objetivo era restarle méritos a Messi, los trofeos colectivos eran imprescindibles.

Ahora que el objetivo es defender Mbappé, los trofeos colectivos ya no importan nada. Esa es la definición exacta de la hipocresía calculada. Y todavía hay más. Cuando le preguntaron directamente por las declaraciones de La Minal Oro, Muraño esquivó la pregunta con una frase que pretendía sonar a elegancia profesional. Yo no opino sobre lo que dice ningún jugador rival.

Una frase bonita, una frase que suena a respeto, a discreción, a código de vestuario entre profesionales. El problema es que la hemeroteca desmiente esa frase de manera absoluta. Morrinho lleva toda su carrera opinando sin ningún pudor sobre jugadores rivales cuando le ha convenido mediáticamente. En 2011 dijo esto sobre Dani Alves, lo que dice Alves que ha dicho Einstein no lo habría dicho mejor.

Tiene toda la razón, yo no he inventado el fútbol. En 2012 dijo esto sobre Xavi Hernández. Xavi es un gran jugador, pero habla demasiado. No sabe lo que es ganar fuera de su casa. Y en 2023 dijo esto sobre Antonio Casano. En Madrid se le recuerda por su chaqueta. En la Roma ganó una Supercopa sin jugar.

Tres ejemplos, tres momentos distintos de su carrera, todos ellos opinando sin ningún tipo de reparo sobre jugadores que no eran suyos. Y ahora, de repente, cuando el jugador rival es Lamí decide que su código profesional es no opinar de rivales, no es elegancia, no es respeto profesional, es la conveniencia de siempre disfrazada de principio ético cuando le toca callarse algo que no le interesa decir en voz alta.

Y aquí viene la pregunta que nadie está haciendo en los platós de televisión. ¿A cuántos futbolistas más ha defendido Mourinho con un argumento y ha atacado con el contrario, dependiendo únicamente de a quién tenía delante? La respuesta con la emeroteca en la mano es que a bastantes, pero el caso de Messi en 2012 contra el caso de Mbappé en 2026 es probablemente el ejemplo más flagrante de toda su carrera como comentarista mediático.

Y mientras Murino quedaba retratado, otro nombre entraba en escena, un nombre que muchos no esperaban ver metido en esta guerra. Dembelé. Denéele, actual Balón de Oro y compañero de selección de Mbappé, ha salido esta semana con unas declaraciones que destilan un rencor que llevaba guardado desde hace mucho tiempo.

Según fuentes cercanas al vestuario de la selección francesa, Dembé lleva meses sintiendo que Mbappé siempre ha sido, en sus propias palabras, el elegido, el chico que ganó un mundial con 18 años, el que parecía destinado a ganarlo absolutamente todo desde el primer día que pisó un campo grande. Mientras Dembéé, según estas mismas fuentes, siempre ha vivido a su sombra, comparado, medido, señalado como el jugador con más talento y menos regularidad de su generación.

Y Dembéé ha dejado caer esta semana en declaraciones que están circulando estos días, que él ha conseguido a base de trabajo lo que Mbappé nunca ha podido conseguir, una Champions League y un Balón de Oro, la indirecta no puede ser más clara. Y aquí conviene decir algo que muchos culés llevamos pensando desde que salieron estas declaraciones.

Ese discurso de Denele sobre el esfuerzo y el trabajo suena bonito ahora en PSG con la Champions ganada, pero cualquiera que siguiera de cerca su etapa en el Barcelona sabe que ese relato no encaja con lo que se vivió Puertas adentro durante años. Un jugador que llegó al Barça con fama de indisciplinado, que arrastraba lesiones una detrás de otra por una preparación física que dejaba mucho que desear, que se perdía entrenamientos, que llegaba tarde, que según fuentes de la época pasaba más horas jugando a la consola que

trabajando en su recuperación física. Ha tenido que salir del Barcelona, fichar por el PSG y que Luis Enrique le pusiera en vereda con una disciplina de hierro para que ese talento explotara de verdad. Y ahora, desde la distancia con la Champions y el Balón de Oro ya en la vitrina vende una imagen de trabajador incansable que muchos aficionados culés no reconocen en absoluto.

El fútbol tiene estas cosas. Cuando te va bien, la narrativa se reescribe sola. Pero volvamos a lo importante, porque Dembé no es el único que tiene motivos para no trabe. Hay que entender de dónde viene Mbappé para entender por qué genera tanto rechazo en su propio entorno. Su paso por el PSG estuvo marcado por episodios que hoy, con la perspectiva del tiempo, explican perfectamente el patrón de comportamiento que se repite ahora en el Real Madrid.

Mbappé llegó a enfrentarse judicialmente con la directiva del club francés por dinero. Llegó a pedir, según se filtró en su momento, que se dejara al equipo fuera de una edición de la Champions si no se le pagaba lo que consideraba que se le debía. Un mercenario de manual, según lo describen ahora mismo varios analistas franceses que llevan años siguiendo su carrera de cerca.

Cuando el sistema del PSG tuvo que cambiarse para adaptarse a las necesidades de convivencia entre Messi, Neymar y él mismo, la responsabilidad de esos fracasos siempre recaía en los otros dos, nunca en él. Y cuando Arbeloa, en su etapa de coordinador de cantera del Real Madrid le dio un toque de atención público por su actitud, la respuesta de Mbappé fue tan reveladora como su gesto de ahora con el Balón de Oro.

Arbeloa llegó a decir que Mbappé se comportaba como un cuarto delantero en referencia a su nivel de compromiso en ciertos momentos. Un palo que muchos en el vestuario del Real Madrid, según distintas informaciones que han ido saliendo estos meses, comparten en privado, aunque nunca lo digan en público. Y aquí es donde entra otra pieza importante de todo este puzzle.

Hany Flick, entrenador del Barça, ha hablado esta semana sobre el momento en el que se encuentra su plantilla en un contexto muy distinto, pero que conecta directamente con todo esto. Flick ha confirmado que considera que tiene la mejor plantilla desde que llegó al club. Fondo de armario en todas las posiciones, capacidad de rotar sin perder nivel y sobre todo, según sus propias palabras, la ambición ni la liga.

Y esa filosofía choca de frente con la de Mbappé y con la del propio Real Madrid de los últimos años. Porque mientras en el Barça se habla de construir algo colectivo sólido, donde el mérito se reparte entre muchos en el entorno de Mbappé, el discurso siempre acaba girando en torno a un único nombre. El suyo y esa diferencia de filosofía, es probablemente la explicación más honesta de por qué el Real Madrid, con Mbappé como gran estrella sigue sin ganar los títulos que su presupuesto y su plantilla deberían garantizar casi cada temporada. Ahora

bien, volvamos al centro de todo esto porque hay una pregunta que sigue sin respuesta. Con Mbappé exigiendo el Balón de Oro sin haber ganado nada, con Lamín autoproclamándose merecedor del premio junto a él, con Mourinho pillado en su propia contradicción y con Dembé soltando indirectas cargadas de rencor. ¿Quién se merece realmente este Balón de Oro? Vamos a repasarlo con la cabeza fría, algo que ninguno de los protagonistas de esta historia parece capaz de hacer en este momento.

Rodrí fue elegido mejor jugador del Mundial con España. Volvió a demostrar que es el cerebro, el metrónomo, la pieza que hace que todo funcione exactamente igual que hizo cuando ganó su primer Balón de Oro en 2024 tras la Eurocopa. Parazkelia fue el mejor jugador de la Champions League, decisivo en las semifinales contra el Bayern y en la final, aunque su selección Georgia ni siquiera pudo clasificarse para el mundial, lo que le resta votos automáticamente.

Harry Kane cerró la temporada con números que rozan lo indecente, cerca de 73 goles entre Bayern y Selección. Ganó la Bundesliga y llevó a Inglaterra hasta el tercer puesto del Mundial. Si el Balón de Oro premiara solo el rendimiento puro sin dejarse llevar por el marketing, probablemente estaríamos hablando de Kan principal favorito por encima de Mbappé y por encima de la min.

Y sin embargo, la conversación mediática de las últimas semanas no gira en torno a Kanin, ni en torno a Rodri, ni en torno a Barazquelia. Gira en torno a los dos futbolistas que han decidido gritar más fuerte que nadie que se lo merecen ellos. Eso dice mucho de en qué se ha convertido este premio. Ya no es solo un reconocimiento al mejor futbolista del año.

Es una batalla de marketing, de exposición mediática de quien consigue ocupar más titulares en las semanas previas a la gala. Y en esa batalla concreta, tanto Mbappé como Lamin están jugando exactamente el mismo juego, aunque uno lo haga desde el principio y el otro se haya sumado hace apenas unas horas. Así que la pregunta con la que abríamos este vídeo ya tiene respuesta.

El entrenador desenmascarado es Murinu, pillado con sus propias palabras de hace 14 años. El futbolista que se ha traicionado a sí mismo es Lamí, que pasó de decir que no necesitaba hacer campaña a proclamarse merecedor del premio en menos de una semana. Y el excompañero que ha decidido no callarse más es Dembé soltando indirectas sobre elegido que suenan más a rencor acumulado que a análisis deportivo objetivo.

Ninguno de los tres sale bien parado de esta historia. Y ahora con Eric García sumándose hoy mismo a la campaña abierta por la min, queda claro que esto ya no es cosa de dos futbolistas hablando de más. Es una maquinaria mediática funcionando en paralelo a ambos lados. Real Madrid empujando a Mbappé, Barza empujando a Lamin, mientras el resto de candidatos con argumentos igual de sólidos o más observan la escena casi en silencio y probablemente mientras todos ellos se pelean por titulares, el premio termine en manos de alguien que ni

siquiera ha necesitado abrir la boca para reclamarlo. Déjanos en los comentarios qué piensas de todo esto. ¿Crees que Lamí ha cometido un error al salir a reclamar el Balón de Oro después de la imagen de madurez que había dado hace apenas unos días? ¿Piensas que Murino debería dejar de opinar del todo si no es capaz de mantener el mismo criterio durante 14 años? ¿Y a quién le darías tú el Balón de Oro entre todos los candidatos que hemos repasado hoy? Mbappé, Lamin, Rodricane o Guarazkelia.

Dale al like si crees que este año el Balón de Oro se está decidiendo más por ego y por marketing que por méritos deportivos reales. Y suscríbete si todavía no lo has hecho, porque la guerra por este premio acaba de empezar. Y en Desde la grada te lo vamos a seguir contando todo, sin filtros y sin miedo a molestar a nadie.

Nos vemos en el próximo vídeo.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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