A Triste História de Cristina Saralegui | Tudo o Que Não Sabia – H

Las batallas que Cristina Saralegui libró lejos de las cámaras. Empecé a ir a ese psiquiatra con mi hijo y nos sentábamos los dos para aprender él de del psiquiatra y yo de ellos dos. Hay historias que de verdad hacen pensar que la vida da más vueltas que un trompo. Porque uno ve a una persona triunfadora saliendo en la televisión entrevistando a los artistas más famosos del momento y hasta cree que viven un cuento de hadas.

Pero como decía mi tía, nadie sabe dónde le aprieta el zapato al de enfrente. Y la historia de hoy es justamente una de esas. Durante muchos años, millones de personas la vieron sonreír frente a las cámaras, siempre segura de sí misma, siempre con una respuesta para todo. Lo que casi nadie alcanzaba a imaginar era que cuando se apagaban los reflectores comenzaba una batalla que la estaba consumiendo por dentro.

cuando pierdes un marido, cuando tienes un problema enorme, ¿cómo te sales del odio? Sí, claro. Pues es que por supuesto, yo creo que también cuando hablamos contigo y y creo que de las cosas más lindas que que tenemos que aprender todos, no solo no solo nosotros que estamos en la Y no era cualquier cosa. Estamos hablando de problemas familiares que le rompieron el corazón, críticas que la persiguieron durante años, decisiones que terminaron cambiándole la vida, un hijo enfrentando una enfermedad mental que la hizo tocar fondo, una etapa en la

que buscó refugio en el alcohol. y un momento en el que pasó de ser una de las mujeres más poderosas de la televisión hispana a preguntarse quién era después de perder aquello que había construido durante más de dos décadas. Y espérense tantito, porque eso no es todo. También vamos a conocer las polémicas que la pusieron en boca de todos, las amenazas que recibió por hablar de temas que nadie quería tocar, las veces que su carácter le metió el pie y cómo, cuando parecía que ya traía el agua hasta el pescuezo, encontró la manera de volver a

levantarse. Yo he herido sin querer a mucha gente porque yo no tengo conexión entre el cerebro y la boca, no tengo. Entonces me preguntan, “¿Qué tú piensas de tal cosa?” Y yo de idiota inmediatamente lo suelto y eso está mal. Cosas hay que pensar. Y si y si has herido a estas personas, has tenido la oportunidad.

¿Qué tal mi gente? Sean todos bienvenidos una vez más a Tutoriales Gerberí. Me da muchísimo gusto que nos acompañen en un nuevo video. Si les gustan estas historias donde conocemos el lado que casi nunca se cuenta de los famosos, los invito a que se suscriban al canal, activen la campanita para que YouTube les avise cada vez que subimos un video nuevo.

Regálenme su like, compartan este contenido con sus amigos y, por supuesto, al final quiero leer todas sus opiniones en los comentarios. Pues ahora sí, vámonos a lo que nos truje Chencha, la niña que pasó de los privilegios al exilio. Cristina Saralegui nació el 29 de enero de 1948 en La Habana, Cuba, dentro de una familia acomodada cuyo apellido ya tenía bastante peso en el mundo editorial.

Su abuelo paterno, Francisco Saralegui, era un reconocido empresario de la prensa y estaba relacionado con varias de las revistas más importantes de Cuba y además manejaba buena parte del papel que utilizaban los periódicos y publicaciones de la isla de vanidades, bohemia y carteles. Mis abuelos eran dueños de prensa escrita.

No solo eso, pero mi abuel por eso lo conocían como el sar del papel. Cristina creció en una casa donde las noticias, las publicaciones y las discusiones sobre el poder de la prensa eran cosa de todos los días. El periodismo todavía no era su profesión, pero desde niña ya lo tenía sentado a la mesa porque mi abuelito trabajaba para importar todo lo que era papel para hacer periódico, avance, todas las revistas en Cuba, todos los periódicos.

Mi abuelo era el que les vendía el papel. Sus padres también influyeron mucho en su formación. Le dieron educación, disciplina y la costumbre de hablar de temas que en otras casas ni siquiera se mencionaban. Como decía mi abuelita, el que aprende a escuchar desde niño no se queda mudo cuando le toca hablar.

Esa educación más adelante sería clave para que Cristina se atreviera a tocar asuntos que otros conductores preferían esquivar. Eso que mi padre y mi madre me enseñaron a mí, enseñárselo a la gente que no tenían voz. ni voto, ni nadie que les enseñara a ellos. Y fue difícil. Sí, es muy difícil porque siempre la gente pone a los ricos contra los pobres y no es eso.

Pero aquella vida cómoda tenía los días contados. Con la llegada de la revolución cubana, el gobierno puso la mira sobre la prensa, congeló cuentas bancarias y dejó a varias familias del medio editorial con el Jesús en la boca. Los aralegui pasaron de tener una vida resuelta a no saber qué iba a ocurrir al día siguiente.

Como decía mi tía, cuando aprietan la tuerca desde arriba hasta el que está bien parado termina tambaleándose. El patrimonio levantado durante años comenzó a quedar fuera de su alcance y la casa que antes estaba llena de planes empezó a llenarse de miedo. El papel. Wow. Entonces, lo primero que hicieron fue congelar las cuentas de los bancos, de la gente que estaba en la prensa y a mi familia pues meterles un pánico horrible que se fueran del país y nos tuvimos que ir.

Bueno, esto de la inmigración en su casa ya no se podía hablar con libertad. Los teléfonos estaban intervenidos y cualquier comentario podía poner en riesgo a toda la familia. Sus padres tomaron la decisión de abandonar Cuba, pero no se lo contaron a los hijos con tiempo. La intención era evitar que alguno dijera algo sin querer y echara a perder la salida.

Cristina se enteró la noche anterior. Escuchó a sus padres hablando y a su madre llorando. Ahí entendió que iba a dejar su casa, su escuela, sus amigos y la vida que conocía. Órale, una cosa es mudarse de colonia y otra muy distinta salir de tu país sin saber si algún día vas a volver. Porque los teléfonos estaban pinchados y si tú decías cualquier cosa como niño, a tus amiguitos me voy, mi papá que estoy orando en el teléfono.

Se enteraban Fidel Castro y todos suscaces de todo lo que tu familia se iba de Cuba. Pero en medio de aquella salida tan secreta, Cristina hizo lo que cualquier niña habría querido hacer, despedirse de alguien cercano. Tomó el teléfono y contó que su familia se marchaba de Cuba sin saber que las llamadas estaban siendo escuchadas.

Aquella despedida terminó saliendo muy caro porque cuando llegó el momento de partir a su padre no lo dejaron abandonar la isla. Cristina viajó a Miami con su madre y sus hermanos mientras él tuvo que quedarse en Cuba durante 6 meses. Como decía mi vecina, por querer cerrar una puerta con cariño se les atoró la familia entera en el marco.

Estuvimos 6 meses sin papá en Miami. Wow. Porque no lo dejaron salir, porque yo metí la pata y me despedí de alguien en el teléfono. Y esos 6 meses sin papás, ¿cómo fuera? Horrible. Lo único bueno era que como nosotros La familia arribó a Miami como inmigrante y tuvo que comenzar de nuevo. Ya no estaban en la posición económica que habían tenido en La Habana y ahora tocaba adaptarse a otras costumbres, otro sistema y una vida completamente distinta.

Por fortuna, Cristina había estudiado en un colegio de monjas estadounidenses y ya hablaba inglés, lo cual le facilitó parte del camino. Aún así, no fue llegar y besar el santo. Había que reconstruir una vida, entender un país nuevo y aprender a moverse sin el respaldo que antes parecía seguro. Cristina continuó sus estudios y más adelante cursó comunicación y escritura creativa en la Universidad de Miami.

Yo hablaba inglés perfecto cuando llegué a Estados Unidos. Que yo hablo con mi suegra. Ahora le digo, “Lilia, ¿cómo tú no vas a aprender inglés si tú llevas aquí 40 años y no hablan inglés? Tantos latinos que nunca aprendieron en inglés.” Te dicen, “¿Para qué hay chicas si yo vivo en Miami? Aquí todo el mundo habla español.

” No, aquí es muy difícil. Poco después comenzó a trabajar en revistas. Ahí aprendió cómo se buscaban los temas, cómo se corregía un texto, cómo se hablaba con el público latino y cómo una buena historia podía quedarse en la cabeza de la gente. No empezó mandando ni dando órdenes. Le tocó observar, aprender y picar piedra.

Fue en ese ambiente donde terminó de despertar su interés por el periodismo, pues ella entendió que quería hacer preguntas, contar historias y hablar de asuntos que otros preferían esconder debajo de la alfombra. La niña que había salido de Cuba con el miedo atorado en el pecho empezaba a encontrar en las palabras una manera de abrirse camino.

¿Crees que haber perdido su antigua vida desde tan joven fue lo que terminó formando el carácter fuerte de Cristina Saralegui? El empujón de don Francisco que le cambió la vida. Después de varios años aprendiendo el negocio de las revistas, la joven cubana ya no era la misma que había llegado a Estados Unidos con una maleta llena de incertidumbre.

Poco a poco se fue ganando un lugar en el mundo editorial. Primero pasó por la revista Vanidades, después llegó a dirigir Cosmopolitan en español y más tarde también estuvo al frente de la revista TV y novelas. No era obra de la casualidad, ya traía más tablas que un escenario de teatro. Dirigir cosmopolitan, dirigí tvelas para para todo eh América Latina.

Lo interesante es que mientras dirigía revistas para toda América Latina, empezó a descubrir algo que más adelante sería una de sus mayores fortalezas. Entendió que cada país hablaba diferente, usaba palabras distintas y tenía costumbres propias. Así que aprendió a comunicarse en un español que pudiera entender un mexicano, un colombiano, un venezolano o un argentino sin que nadie sintiera que le estaban hablando en chino.

Hablar un español que no se hablaba en ningún lado. El famoso español neutral, ¿no? No, español que que no se hablaba en ningún lado porque las revistas de nosotros circulaban en toda América Latina. Entonces, imagínate tú un español. Y ahí fue donde comenzó a cocinarse algo grande. Sin darse cuenta llevaba años aprendiendo cómo conectar con millones de personas al mismo tiempo.

Como decía mi prima, el que hace bien la tarea cuando llega el examen ya no más afila el lápiz. Pero todavía faltaba la oportunidad que le cambiara la vida para siempre. En aquellos años, don Francisco ya era una verdadera institución de la televisión. Su palabra pesaba muchísimo dentro de Univisión y cualquier recomendación que saliera de él no era cualquier cosa, pues resulta que conocía perfectamente el trabajo de aquella periodista cubana y decidió poner su nombre sobre la mesa para conducir un nuevo proyecto.

Francisco, porque dices que a través de él es que digamos se fijan en ti como una posibilidad para hacer ese talk show que después se volvió, me recomendó, que después se volvió el gran éxito. Claro. Y uno nunca olvida esa gente, ¿no? que en un momento determinado pues ayuda a que uno consiga una oportunidad.

Y ya ven cómo es esto. Hay veces que una sola recomendación vale más que tocar 100 puertas. Claro, la recomendación abre el camino, pero nadie hace el trabajo por uno. Si ella no hubiera tenido preparación, experiencia y talento, aquella oportunidad habría durado menos que un suspiro. Fue así como llegó a Univisión.

Al principio, nadie imaginaba que ese nuevo programa terminaría convirtiéndose en uno de los más importantes de la televisión hispana. Ni ella misma podía saber que estaba a punto de cambiar su destino para siempre. Cuando nació el show de Cristina, la televisión hispana todavía no estaba acostumbrada a ver a una mujer sentarse frente a las cámaras para hablar sin rodeos de temas que muchos preferían guardar bajo siete llaves.

Aquello no era simplemente otro programa de entrevistas. Era una apuesta arriesgada porque ella estaba entrando a un terreno donde casi nadie se atrevía a meter los pies. Marieta dice que de sus 35 años lleva 18. Mientras otros buscaban hacer llorar a los invitados o sacar el escándalo del momento, ella prefería escuchar primero y preguntar después.

Le interesaba entender a la persona antes que exhibirla. Esa diferencia hizo que artistas, cantantes, actores e incluso personas completamente desconocidas comenzaran a confiar en ella. Poco a poco las puertas empezaron a abrirse solitas. Las figuras más importantes querían sentarse frente a ella porque sabían que podían contar su historia sin sentir que les estaban tendiendo una emboscada.

La verdad es que me cae bien, pero en la guerra y en el amor todo se vale. El público también lo notó y comenzó a responder de la misma manera. Cada programa reunía a más televidentes y aquella periodista que un día trabajaba entre montones de revistas estaba construyendo un fenómeno de la televisión. Sin hacer mucho ruido, su nombre empezó a convertirse en una marca.

Lo que pocos imaginaban era que ese mismo éxito que la llevó hasta la cima años después también terminaría convirtiéndose en una de las cargas más pesadas de toda su vida. Diseñadores ponen si es un 16 lo ponen que es un 14, un 14. ¿Crees que sin el respaldo de don Francisco Cristina habría llegado de todos modos a la televisión? O esa recomendación fue la llave que abrió la puerta más importante de su carrera, la mujer que puso a temblar la televisión hispana en Estados Unidos.

El show de Cristina dejó de ser solamente un programa exitoso y terminó convirtiéndose en el lugar donde se hablaba de todo aquello que muchos preferían esconder debajo del tapete. Hay que acordarse de una cosa. Estamos hablando de finales de los años 80 y buena parte de los 90 cuando mencionar temas como el B a sida, la homosexualidad, la violencia contra la mujer, la discriminación racial o las infidelidades, hacía que más de uno se persignara y hasta cambiara de canal.

eran asuntos considerados tabú y de los que muchas familias ni siquiera hablaban en la mesa de chismes de artista. Nosotros teníamos un programa de temas de discusión ahí se discutía todo, lo bueno, lo malo y lo regular. Y temas tabú, como te decía al principio, a ver, vamos a hacer una un desvío porque eso me interesa mucho.

En pues a Cristina eso le importó poco. En lugar de darle la vuelta al problema, decidió poner el dedo en la llaga. invitó a personas que estaban viviendo esas realidades para que contaran su historia frente a millones de televidentes. Ahí no se llegaba solamente a platicar de la película de moda ni del disco nuevo.

Quien se sentaba frente a ella sabía que tarde o temprano iba a llegar la pregunta que nadie más se atrevía a hacer. Y tampoco crean que la conductora obedecía mansamente todo lo que le ordenaban desde una oficina. Llegó a tener control creativo sobre el programa, participaba en la elección de los temas y defendía con uñas y dientes lo que quería mostrar.

entender la diferencia de hacer un programa que se nutre nada más que de hablar mal de la gente a un programa que se nutre de informar a la gente. En la meta nuestra siempre fue igualito que era mi meta cuando era directora de Cosmopolita. En pocas palabras, no solo daba la cara frente a las cámaras, también metía la cuchara en la cocina completa.

Como decía mi madrina, el que paga la música pide la canción. Y durante aquellos años su programa generaba demasiado dinero como para que cualquiera llegara a bajarle el volumen. Pero ese poder también empezó a calentar el ambiente. Mientras otros conductores medían cada palabra para no incomodar a los anunciantes, a la cadena o al público más conservador, ella decidió meterse de lleno con el VIH, un tema que en aquellos años muchos preferían tratar como si no existieran.

Todos los temas que yo hablé, por ejemplo, en mi época existía el sida. Mm. El sida hoy en día todavía existe, pero el sida en mi época mataba gente, a poblaciones completas. Entonces, ¿qué es lo que nosotros hablábamos de la llevó pacientes, especialistas y familiares para explicar cómo se transmitía el virus, cómo podía prevenirse y por qué quienes vivían con esa enfermedad no debían ser rechazados ni señalados como si fueran culpables de algo.

En pocas palabras, abrió una conversación que muchos querían mantener cerrada con doble llave. La cosa se puso todavía más brava cuando abrió el foro para hablar de homosexualidad. No lo presentó como un espectáculo de circo ni como chisme barato. Invitó a personas homosexuales para que hablaran de su vida, de sus parejas, de la discriminación y de su derecho a formar una familia.

Ella tenía una razón personal para defender ese tema. Su hermano menor era gay y en su casa le habían enseñado a respetarlo como ser humano. Así que cuando alguien intentaba convertir la conversación en condena, la cubana no se quedaba cruzada de brazos. Y mi hermanito, el más chiquito, que estuvo conmigo hasta el día que se murió de un trasplante de hígado, era homosexual. Se llamaba Iñaki Saralegui.

Es la cosa más linda que le ha pasado a mi familia. mis papás, mi papá. Ahí fue cuando parte del público más conservador se le fue encima. Hubo manifestaciones afuera de Univisión con carteles que decían, “Cristo sí, Cristina no.” No eran tres señoras enojadas chismeando en el patio de su casa.

Eran grupos organizados acusándola de llevar a la televisión asuntos que según ellos debían mantenerse en privado. De cristianos piqueteando a mi cadena que decían Cristo sí, Cristina no. Wow. Porque yo hablaba sobre el sida, sobre los homosexuales, sobre cosas que ellos consideraban que no se deberían de tratar.

Ella, lejos de hacerse chiquita, siguió transmitiendo y respondiendo que su trabajo era informar sobre la realidad que ya existía en Estados Unidos, aunque a muchos les ardieran los ojos al verla. Y el pleito dejó de ser solamente verbal. Llegaron amenazas de atacar el programa. Antes de algunas transmisiones tuvieron que meter perros entrenados al estudio para revisar que nadie cordado un explosivo.

Y teníamos que poner perros oliendo el programa. Imagínate tú en Univisión donde teníamos el noticiero en vivo y el show de Cristina tenía perros oliendo para ver si vamos a poner una bomba. Mientras el público veía luces, invitados y aplausos, detrás de cámaras estaban olfateando hasta las esquinas. Aquello ya no era polémica de revista, era trabajar sabiendo que alguien podía estar dispuesto a pasar de los gritos a algo mucho más peligroso.

Cristina disfrutaba empujar los límites y sabía perfectamente que sus palabras encendían a la gente. años después reconoció que muchas veces hablaba antes de pensar y que había herido a varias personas porque no tenía conexión entre el cerebro y la boca. La neta, su falta de filtro le ganó a admiradores, pero también le ganó enemigos a puños, porque como decía mi tía, el que pisa callos no tarda en escuchar los gritos.

Ahora bien, si me buscó problema, yo no tengo conexión entre cerebro y la boca, Lourde. Yo lo que pienso lo digo. Su defensa hacia las mujeres tampoco venía envuelta en papel bonito. Criticaba el machismo de la televisión. cuestionaba que a las conductoras jóvenes les pidiera mostrar más el cuerpo y decía que durante años las mujeres fueron enseñadas a competir entre ellas en lugar de ayudarse.

Aquello incomodaba todavía más porque no señalaba únicamente a los hombres, también acusaba a las propias mujeres de hacerse pedazos unas a otras por conseguir los pocos espacios bien pagados que había. matarnos. Yo le decía a don Francisco, Mario, es que a ti nadie te ha pedido que te desnude. Digo, de a mí sí. Mi programa no era el show de Univisión.

El programa se volvió irresistible. Unos lo veían porque estaban de acuerdo y otros porque querían saber con qué nueva cosa iba a salir. Como decía mi vecina, hasta el que jura que no come chile termina acercándose para ver cuánto pica. Cada controversia levantaba audiencia y cada amenaza confirmaba que el programa estaba tocando nervios que nadie más quería tocar.

Los artistas también comenzaron a buscar ese sillón. Sabían que podían hablar de divorcios, enfermedades, preferencias amorosas, adicciones o escándalos sin que la conversación fuera únicamente una carnicería. Porque soy un ser humano y como todos cometemos errores, como tenemos nuestros pecados. Alicia Machado llegó a recordar aquel espacio como un lugar donde los famosos podían contar sus historias sintiéndose cuidados.

Cristina hacía preguntas fuertes, pero entendía que una buena confesión valía más que un invitado humillado. Okay. Realmente no me puedo quejar porque sí me dio muchísima publicidad. Con los años su nombre terminó convirtiéndose en garantía. Artistas, políticos y personas comunes aceptaban sentarse frente a ella porque sabían que podían contar su historia sin que aquello terminara en una carnicería.

Las preguntas eran fuertes, sí, pero también había respeto. Esa combinación fue la que le permitió ganarse algo que en televisión cuesta más que el rating, la confianza. El respeto que alcanzó no vino de caerle bien a todo mundo. Llegó porque convirtió su programa en una mesa donde cabían temas que la televisión hispana mantenía guardados en caja fuerte.

La aplaudieron, la insultaron, se manifestaron contra ella y hasta llegaron amenazas de atacarla. Imagínate una industria tan machista como la televisión. Y meno, ¿cómo manejaste eso? La televisión español, mijita, aquello era. Yo una vez le dije a don Francisco Mario, tú eres una cosa rara en ese momento. Yo le decía a don Francisco, Mario, es que a ti nadie te ha pedido que te desnude. Digo, y a mí sí.

Y mientras unos la veían como una mujer valiente y otros como una provocadora que se pasaba de la raya, ella seguía frente a las cámaras haciendo lo que mejor sabía hacer, poner el dedo en la llaga y lograr que la gente hablara. Ese poder la volvió una de las figuras más influyentes de la televisión hispana en Estados Unidos.

Pero como decía mi comadre, al que se sienta en la silla grande también le cuentan hasta los respiros. Y mientras más alto subía, más ojos estaban esperando verla tropezar. ¿Consideras que Cristina utilizó su poder para romper barreras necesarias? ¿O crees que también provocaba controversias porque sabía que el escándalo mantenía vivo su programa? Mientras la televisión la aplaudía, en su casa todo se estaba derrumbando.

Mientras millones de personas la veían sonriendo cada semana en el show de Cristina, muy pocos imaginaban que al terminar las grabaciones comenzaba la parte más difícil de su día. Una cosa era la mujer fuerte que aparecía frente a las cámaras y otra muy distinta, la madre que llegaba a su casa con el corazón hecho pedazos.

Como decía mi tía, hay dolores que no hacen ruido, pero retumban más que un trueno. Justo cuando su carrera vivía el mejor momento, la vida decidió cobrar de la factura por otro lado. Su hijo, John Marcos, apenas tenía 19 años cuando empezó a cambiar de una manera que nadie entendía. Un día estaba tranquilo y al siguiente parecía otra persona.

Sus cambios de ánimo eran tan bruscos que ni ella ni su esposo lograban comprender qué estamos pasando. Marco, él era nuestro bebé, es nuestro bebé. Entonces, yo no sabía qué hacer, Ismael. Yo iba por las noches después de después de bailar y reírme y gritar en el show de Cristina. 10 años entero yo iba Después de visitar médicos, especialistas y hospitales, llegó el diagnóstico que les cambió la vida para siempre.

John Marcos padecía trastorno bipolar de ciclo rápido. En un solo día podía pasar por decenas de cambios emocionales. La enforcenó a apoderarse de su vida y también de la tranquilidad de toda la familia. Marcos, eh, tenía 19 años y lo diagnosticaron bipolar, pero no bipolar, bipolarito, bipolarote. Lo más duro es que las primeras señales estuvieron frente a sus ojos y ella no las entendió.

El muchacho comenzó a hacerse pequeños cortes en los brazos. pensó que eran golpes, accidentes o cosas propias de la edad, hasta que un psiquiatra le explicó que aquello tenía nombre y que era una forma de autolesionarse. Ahí sintió que el mundo se le venía encima porque una cosa era hablar de esos temas en televisión y otra muy distinta descubrir que el problema estaba sentado en la mesa de tu propia casa.

No quiere ir un psiquiatra porque le van a decir que está loco. Claro. Y yo les digo en el miles de show de Cristina que he hecho sobre, señora, eso no es estar loco y si su marido está muy deprimido en el trabajo, llévelo al psiquiatra para que le dé una pastilla y no tiene por qué matar. La situación llegó a un punto que nadie veía venir.

Un día, su hijo subió hasta el quinto piso de un estacionamiento con la intención de quitarse la vida. Pero cuando estaba a punto de hacerlo, ocurrió algo que terminó salvándolo. En lugar de lanzarse, manejó hasta un hospital psiquiátrico. Entró por su propio pie y pidió que lo internaran. Se trató de quitar la vida. Yo Marcos que mi hijo se trató de matar.

Mati estaba en su carro en el quinto piso de un parqueo en nuestro barrio y le sintió deseos de tirarse, pero fue tan Ella se enteró mientras cumplía un compromiso de trabajo. Por dentro sentía que el alma se le hacía pedazos, pero por fuera tuvo que seguir atendiendo a los invitados y sonriendo como si nada hubiera pasado.

Al día siguiente salió disparada al hospital con la idea de sacar a su hijo de ahí. Sin embargo, los médicos le dijeron algo que jamás olvidaría. Le explicaron que quedarse internado era lo mejor que podía pasarle en ese momento. Aquellas palabras le abrieron los ojos. Hasta entonces comprendió la gravedad de una enfermedad mental que ni ella misma entendía.

Después vinieron tratamientos, medicamentos, especialistas y estudios que costaban una fortuna. Incluso llevó a su hijo con expertos en Harvard, buscando cualquier esperanza que pudiera ayudarlo. Una cosa, antes que usted meta la pata, lo mejor que le va a pasar a su hijo que se quede aquí.

Por supuesto, yo no lo sabía. A eso. Lo más increíble es que en medio de semejante tormenta jamás dejó de presentarse a trabajar. Nunca faltó a una sola grabación. Terminaba el programa, llegaba a su casa, entraba al cuarto de su hijo, se acostaba en su cama, abrazaba una de sus playeras para sentir su olor y lloraba durante horas hasta que su esposo iba por ella para convencerla de regresar a su habitación.

Como decía mi madrina, hay lágrimas que nadie ve porque siempre salen cuando ya se apagaron las luces. Con el paso del tiempo decidió hacer pública la enfermedad de su hijo, pero antes le pidió permiso. Él aceptó porque quería que otras familias entendieran que acudir con un psiquiatra no era motivo de vergüenza, que la bipolaridad no era una maldición ni un castigo, sino una enfermedad que podía tratarse.

Aquella decisión ayudó a romper muchos prejuicios entre la comunidad latina, donde todavía había quienes pensaban que pedir ayuda psicológica era cosa de locos. Casi ningún latino entiende lo que es una enfermedad mental. Y yo te agradezco que tú hables de esto porque en mi libro hablé del tema del Afortunadamente los años trajeron un poco de calma.

John Marcos regresó a vivir con sus padres. logró estabilizarse con el tratamiento, volvió a manejar y hasta recuperó las ganas de regresar a la universidad. Pero todo aquel sufrimiento dejó heridas muy profundas en Cristina, heridas que nadie veía cuando las cámaras encendían y el público la recibía con aplausos. Y aunque consiguió mantenerse de pie frente a millones de televidentes, por dentro comenzaba otra batalla igual de peligrosa, una batalla que poco a poco la llevó a buscar refugio donde menos debía.

¿Crees que cualquiera habría soportado una carga como la que vivió Cristina? ¿O piensas que fue justamente ese dolor el que terminó empujándola hacia una etapa de la que le costaría mucho salir? El día que la reina perdió la corona. En la televisión nadie tiene la silla apartada para siempre.

Un día te reciben con alfombra roja, camerino grande y hasta te preguntan si el café lo quieres con espuma y de qué marca quieres el agua. Pero al siguiente día ya están sacando cuentas, viendo cuánto cobras, cuántos años llevas y quién podría hacer lo mismo por menos dinero. Como decía mi tía, hasta el aplauso más fuerte se acaba cuando el patrón empieza a mirar la calculadora.

veces que yo conozco, a medida que tú te pasas muchos años dándoles a ganar mucho dinero, están muy agradecidos contigo y están esperando el momento que tú decidas retirarte para convencerte que no te vayas. Para el año 2010, Cristina Saralegui llevaba 21 años al frente de El show de Cristina y ya tenía 62 años. había ganado premios, puesto temas incómodos sobre la mesa y convertido su nombre en una de las marcas más conocidas de la televisión hispana en Estados Unidos.

Pero aquí empezó a ponerse sabroso el asunto. Mientras ella seguía siendo una figura poderosa, la televisión ya estaba cambiando de piel. Llegaban nuevos formatos, nuevas caras y conductores jóvenes dispuestos a trabajar por mucho menos con tal de tener 5 minutos frente a una cámara. Y ya ven como dicen por ahí, gallina nueva tiene la carne más blandita.

Para una empresa eso significa menos sueldo, menos exigencias y menos problemas para decirle qué hacer. Cristina, en cambio, ya no era una novata que llegaba, sonreía y obedecía. Tenía experiencia, cobraba como estrella y además contaba con control creativo sobre su programa. Elegía temas, opinaba, discutía y defendía lo que quería llevar a la pantalla.

En pocas palabras, no era empleada de agachar la cabeza. Y cuando una figura agara tanto poder dentro de una empresa, tarde o temprano alguien empieza a buscarle la caída. Entonces vino el portazo. Tenía como 30 empleados, productores, etcétera, que dependían todos de nosotros, más o menos lo mismo. Entonces eso me preocupó.

Univisión decidió cancelar de golpe el show de Cristina y poner fin a una etapa que parecía eterna. La cadera nunca dijo públicamente que la sacaba por cuestiones de la edad, pasada de moda o porque el programa ya no sirviera. Pero apenas se dio la noticia, las versiones empezaron a brincar como frijoles en olla caliente.

empezaron a decir que ya no conectaba con el público joven, que el formato se había quedado en otra época, que su carácter fuerte ya tenía cansados a los ejecutivos, que resultaba demasiado cara y que además había acumulado más poder del que la cadena quería tolerar. Fuimos eso muy cubano, nos votaron, nos votaron, baby, nos cancelaron.

By nosotros decimos, nos echaron, nos echaron. Cada quien le puso su chile al guiso, pero la explicación completa se quedó guardada dentro de las oficinas de Univisión. Años después, ella contó cómo terminó entendiendo todo aquello, aunque nunca entendió cómo no pudieron esperar dos años para que ella se jubilara.

Haberles dado mi vida. Me quedaban dos años solamente para el medio, para retirarme para el medique. Según su propia lectura. Las empresas sacan a las figuras que llevan demasiado tiempo porque se vuelven costosas y porque siempre hay alguien más joven dispuesto a cobrar una fracción con tal de tener sus 5 minutos de fama.

Y no lo dijo noás por ardida. Después de su salida, también se fueron otras figuras veteranas como Don Francisco, María Celestia Raraz y Bárbara Bermudo. Para ella, aquello dejó claro que no se trataba únicamente de su carácter ni de una bronca personal. Era una nueva manera de hacer televisión, más barata, más joven y con menos estrellas capaces de poner condiciones.

Quitan a la gente para poner otra gente porque son más baratos los que vienen que los que se van. Cuando tú llevas muchos años en una compañía, no solo en televisión y en los medios, no te golpees sol. Acuérdate que yo tenía control creativo sobre lo que yo hacía. La propia Cristina reconoció que había sido arrogante al pensar que jamás le quitarían el programa.

No necesariamente arrogante con sus empleados, como algunos chismes llegaron a soltarse, sino arrogante al creer que aquella silla ya tenía su nombre grabado para siempre. Como decía mi comadre, el que se siente dueño del corral se sorprende cuando otro llega con las llaves. Lo que me pasó a mí es que yo fui primero de lo que ha seguido pasando.

Sí, eso está pasando todavía. Entonces, me di cuenta que así es televisión. Todo el mundo quiere estar en televisión, todo el mundo quiere ser rico y famoso, todo el mundo quiere las cámaras. Después de más de dos décadas, el show de Cristina ya no era solamente su trabajo, era su rutina, su identidad y la manera en que millones de personas la reconocían.

Su programa llevaba su propio nombre, así que cuando se lo quitaron, no sintió que había perdido un empleo. Sintió que le habían arrancado una parte de quién era. La pregunta comenzó a perseguirla. Si ya no era la mujer de El show de Cristina, entonces, ¿quién era? Y mientras ella trataba de encontrar una respuesta, la televisión siguió caminando como si nada.

Otro contenido ocupó el horario, llegaron caras nuevas y la industria continuó sin voltear atrás. Porque ese negocio es así. te puede hacer sentir indispensable durante años y al día siguiente reemplazarte antes de que termines de guardar las cosas del camerino. Afuera tampoco faltaron los comentarios venenosos.

Algunos aseguraban que ya estaba acabada, otros decían que su tiempo había pasado. Y cuando empezó a subir de peso, hubo gente que dejó de hablar de su carrera para ponerse a contarle los kilos, como si la báscula explicara todo lo que estaba ocurriendo en su vida, pero nadie veía la carga completa. Me sentí como una porquería de persona.

Ya le pregunté a la persona que me lo estaba haciendo saber. Le dije, “¿Tú me estás votando? porque no lo podía creer. Me dijo, “No, no, tú vas a seguir haciendo especiales para A la pérdida del programa se sumaba el dolor que ya traía por la enfermedad de su hijo, los años de tensión familiar y el cansancio de haber sonreído frente a las cámaras mientras su casa atravesaba momentos muy difíciles.

La cancelación no encontró a una mujer descansada. encontró a alguien que ya venía con el costal hasta el tope. La depresión comenzó a cerrarle todas las salidas. Dejó de reconocerse, perdió el rumbo y empezó a buscar una manera de apagar lo que sentía. Primero fue una copa de vino aquí y otra allá, algo que parecía inofensivo, casi una ayudita para relajarse y dormir.

Pero el vino no llegó solo a la fiesta. Después aparecieron el whisky y el tequila. Ya no bebía para brindar ni para pasarla bien. Ella misma confesó que lo hacía para anestesiarse, para dejar de sentir y para no enfrentarse al vacío que había quedado cuando las luces se apagaron. No se sale de eso tomando whisky y tequila.

No se sale así. Mujer que durante años ayudó a otros a contar sus problemas, estaba cayendo en uno que no podía resolver con una entrevista. Y mientras algunos se burlaban de su aumento de peso, muy pocos alcanzaban a ver las botellas, la tristeza y el dolor que se estaban acumulando detrás de aquella transformación.

Pero llegó un momento en que su esposo Marcos Ávila, ya no pudo seguir mirando para otro lado. La enfrentó y le hizo entender que cuando bebía cambiaba por completo y se convertía en una persona insoportable. Aquello la obligó a verse sin excusas. Terminó aceptando que el alcohol estaba cambiando su carácter y lastimando a quienes tenía cerca.

Entonces decidió dejarlo por su esposo, por sus hijos y también por ella misma. ahí a llorar todas las noches hasta que mi marido iba y me decía, “Mam, vamos para la cama, vamos para el cuarto, déjalo. Tú verás que se va a poner.” No fue una salida milagrosa ni de un día para otro, pero reconocer el problema fue el primer paso. Para salir del pozo.

Primero hay que dejar de seguir cabando. ¿Crees que Univisión simplemente renovó su programación? ¿O piensas que Cristina ya resultaba demasiado cara, poderosa e incómoda para seguir ocupando aquella silla? El regreso a la televisión que no salió como esperaba. Después de tocar fondo, muchos pensaron que Cristina Saralegui ya nunca volvería a pisar un estudio de televisión, pero ella todavía sentía que le quedaban muchas historias por contar.

Como dicen por ahí, caballo bueno no se rinde, no más porque le cierren una puerta. En 2011 apareció una nueva oportunidad. Telemundo le abrió las puertas para conducir Palante con Cristina, un programa con el que buscaba demostrar que todavía tenía mucho que ofrecer frente a las cámaras. La noticia levantó expectativa.

Después de todo, estaba regresando una de las entrevistadoras más importantes de la televisión hispana, pero las cosas ya no eran como antes. ¿Dónde tú empezaste en televisión? En el show de Cristina. El público había cambiado, la forma de hacer televisión también y la competencia era mucho más dura. Aquella magia que durante 21 años convirtió el show de Cristina en un fenómeno, simplemente no volvió a repetirse.

El programa permaneció poco más de un año al aire y terminó despidiéndose sin alcanzar el impacto que muchos esperaban. Y aunque para cualquiera aquello habría sido otro golpe muy difícil, Cristina decidió verlo de otra manera. En lugar de aferrarse al pasado, comprendió que la televisión ya estaba entrando en una nueva etapa y que era momento de dejar que otras generaciones ocuparan esos espacios.

Eso sí, había una cosa que nunca dejó de extrañar, las entrevistas. Tenemos varios casados en este panel. confesó que sentarse frente a una persona, escuchar su historia y hacer preguntas seguía siendo una de las cosas que más disfrutaba en la vida. Incluso cuando años después tuvo la oportunidad de entrevistar a Guillermo del Toro, reconoció que volvió a sentir esos nervios y esa emoción que la acompañaron durante toda su carrera.

Al final entendió algo que cuesta muchísimo aceptar. Hay éxitos que pertenecen a un momento de la vida y por más ganas que uno tenga de volver a vivirlos, el tiempo nunca camina para atrás. Como dice el dicho, agua que ya pasó por el molino ya no mueve la misma rueda. A ti las personas te pedían que tú les escribieras.

Sin embargo, todavía había una batalla pendiente, la más importante de todas. No era recuperar un programa ni volver a conquistar el rating. Era aprender a vivir en paz consigo misma después de tantos años de cargar con la fama, la depresión y el dolor. ¿Crees que Cristina hizo bien en aceptar que su época dorada había terminado? ¿O piensas que la televisión todavía le debía una última gran oportunidad? La paz que encontró después de la tormenta.

Después de tantos años viviendo entre cámaras, aplausos, problemas familiares, caídas emocionales y decisiones difíciles, llegó un momento en que entendió que ya no podía seguir peleando contra todo y contra todos. La vida le había dado fama, dinero y reconocimiento, pero también le había cobrado la factura con intereses.

Poco a poco empezó a mirar las cosas de otra manera. Ya no se trataba de recuperar el trono, ni de demostrar que todavía podía llenar un estudio, ni de volver a ser la mujer que mandaba en la televisión. Se trataba de aprender a vivir sin estar persiguiendo el aplauso de nadie. y yo estamos retirados hace 14 años, o sea, que llevamos 14 años viviendo tranquilos en la casa con los perros.

Una de las ideas que más repite en esta nueva etapa es muy sencilla. Quien logra hacerte enojar te vence y no lo dice noás por decir. Después de pasar tantos años entre críticas, pleitos, rumores y gente esperando verla tropezar, comprendió que vivir enojada era como cargar una piedra en la bolsa y luego quejarse de que pesaba.

También cambió su manera de ver la política. Ella ha contado que puede convivir con personas que piensan distinto, incluso dentro de su propia casa. Para ella, ningún partido vale más que la familia y ninguna discusión política debería terminar destruyendo una amistad de años. La neta hay gente que por defender a un político termina peleada hasta con el perro y al político ni le va ni le viene.

Yo salgo muy poquito, entonces de vez en cuando me escriben mis parientes de España. Con la religión piensa algo parecido. No cree que las diferencias deban utilizarse para señalar, condenar o dividir. Después de haber visto tantas peleas nacidas por ideas distintas, llegó a la conclusión de que el respeto sirve más que cualquier sermón.

Pero quizá la enseñanza más importante fue aprender a quererse sin necesitar que una cámara se encendiera. Durante años, su valor estuvo ligado al rating, a los premios y al tamaño de su programa. Con el tiempo descubrió que una persona sigue valiendo lo mismo aunque ya no salga en televisión. Estoy vivita y coleando y bien, gracias a Dios.

Y bien y contenta. Y contenta que es muy importante que cuando tú te retiras tengas un Por eso comenzó a darle más importancia a su familia, a sus hijos, a sus nietos y a la tranquilidad de su casa. Después de vivir tantos años con el reloj encima, descubrió el gusto de no correr, de no tener que demostrar nada y de disfrutar una conversación sin pensar en comerciales, cámaras ni cortes.

También entendió que todo lo que había aprendido no debía quedarse guardado. Para ella, tener fama y una voz pública también significa compartir las lecciones que dejaron los golpes, no para presentarse como ejemplo perfecto, porque nunca ha dicho que lo sea, sino para reconocer que se equivocó, se cayó y tuvo que aprender a levantarse sin maquillaje.

Así nació su idea de vivir en positivo. No significa fingir que todo está bien ni hacérse la ciega frente a los problemas. Significa reconocer lo malo, enfrentarlo y decidir que no va a gobernarte el resto de la vida. Porque como dice el refrán, para caminar ligero, primero hay que soltar lo que uno viene arrastrando de no locura, de tantos años, de trabajar, trabajar, trabajar, de poder tú entonces disfrutar de la paz.

Hoy habla con más calma, se ríe de muchas de sus metidas de pata y reconoce que la vida la fue bajando de la nube a empujones. Ya no busca ser la mujer más poderosa de la televisión. prefiere ser una mujer en paz, agradecida por lo que tuvo y serena con lo que viene. Al final, la corona no era el programa, ni los premios, ni el camerino grande.

La verdadera corona fue aprender a vivir sin necesitar todo eso. 5 años acostumbrarte a no hacer nada. Claro, yo estoy muy feliz con eso. Qué bueno. Bueno, llegaste a ese punto donde todos debemos llegar, que es uno estar contento en su propia piel y estar contento con uno mismo. Pero bueno, Cristina, ¿crees que Cristina encontró la tranquilidad porque aceptó que su época de fama había terminado? ¿O piensas que todavía guarda el deseo de volver a ocupar el lugar que alguna vez tuvo? Hoy, a sus 78 años, Cristina Saralegui

vive una etapa mucho más tranquila. Ya no necesita demostrarle nada a nadie. Después de conocer la fama, el éxito, las polémicas, las pérdidas y las caídas, aprendió que la verdadera victoria era poder despertar en paz cada mañana. ¿Y tú qué opinas? ¿Cuál fue el momento que más marcó la vida de Cristina Saralegui? Si te gustó esta historia, no olvides dejar tu like, suscribirte al canal y compartir este video para que más personas conozcan la vida de las grandes figuras de la televisión y el espectáculo.

Gracias por acompañarme hasta el final. Hasta la próxima. Yeah.

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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