A Triste História de Hector Suarez Gomis | Tudo o que Não Sabia – H
Me trataban muy mal, me dejaban con la mano estirada. Neta, actorcito viene a quitarle el puesto a alguien que sí se dedica a eso. Te la estás pasando mal y el corazón está así, güey, y sientes una angustia horrible y encima te piden que sonrías. El doloroso motivo por el que Héctor Suárez Gomiz juró volver a casarse.
Ser hijo de una leyenda puede sonar como el boleto dorado para triunfar, pero la neta es que no siempre es así. Hay apellidos que pesan tanto que en lugar de abrirte el camino hacen [música] que todos esperen más de ti, que te comparen a cada paso y que cualquier error se haga enorme. Pues, ¿qué les digo, amigos? Esa fue precisamente la realidad que le tocó vivir a Héctor Suárez Gomiz.
Durante años fue señalado por su carácter fuerte, por decir las cosas sin pelos en la lengua y por lanzarse contra la televisión mexicana cuando sintió que no lo trataban como debía. Hoy mi papá aceptó venir solo por la curiosidad de saber qué se siente estar del otro lado de los goles. Muchos pensaban que hablaba desde el enojo.
Otros aseguraban que simplemente era un hombre difícil de tratar. Como decía mi comadre, el que no conoce el fondo del río cree que toda el agua es igual. Pero detrás de esa imagen de hombre explosivo existía una historia mucho más complicada. Porque aunque muchos aseguraban que el apellido Suárez le abrió todas las puertas, él mismo ha contado que en varias ocasiones también le cerró muchas otras.
Vivir bajo la sombra de uno de los comediantes más grandes de México terminó convirtiéndose en un reto mucho más pesado de lo que cualquiera podía imaginar. conocido, ¿no?, que que mi papá se casó y embarazó a una de las mejores amigas de mi hermana Julieta. Y eso apenas era el principio. Con el paso de los años llegó un divorcio que lo marcó profundamente, pérdidas familiares que le rompieron el corazón y momentos tan difíciles que terminaron cambiando por completo la manera en la que veía la vida, el amor [música] y hasta su propio futuro. Lo más
sorprendente es que después de todo lo que vivió, tomó una decisión que dejó a muchos con la boca abierta. Juró que nunca volvería a casarse y que tampoco volvería a vivir con otra pareja. Muchos pensaron que era un simple coraje pasajero, pero con el tiempo quedó claro que detrás de esa promesa [música] existía una razón mucho más profunda de lo que cualquiera imaginaba.
Y por si eso fuera poco, años después, él mismo reveló un diagnóstico que terminó explicando gran parte de las actitudes que durante décadas hicieron que fuera juzgado por el público. Una revelación que cambió la manera en que muchos comenzaron a entender su personalidad [música] y varios episodios de su vida. Así que si quieren conocer la verdadera historia de Héctor Suárez Gomez, descubrir qué fue lo que realmente ocurrió detrás de sus polémicas, [música] de su vida amorosa, de su relación con su famoso padre y de la
promesa que hizo de no volver a casarse jamás, quédense hasta el final porque esta historia tiene mucho más de lo que parece. No, no, no soy Chirris ni soy Jeanfilip, soy Héctor. La señorita no es ninguna. Bienvenidos a Tutoriales Gerberí. Si todavía no forman parte de esta comunidad, los invito a suscribirse, activar la campanita para que no se pierdan ninguno de nuestros videos, regalarme su like y compartir este contenido con sus amigos y familiares para que esta familia siga creciendo cada día más. Sin más que decir, vámonos
a lo que te truje, Chencha. El peso de ser hijo de un gigante de la comedia. Héctor Suárez Gomez [música] nació el 6 de diciembre de 1968 en la Ciudad de México y desde que abrió los ojos ya tenía un apellido que sonaba fuerte dentro del espectáculo. No llegó a una familia desconocida ni a una casa alejada de las cámaras.

Llegó siendo hijo de dos personajes que ya tenían su propio lugar en la televisión mexicana. Su padre era Héctor Suárez, uno de los actores y comediantes más importantes que ha tenido México. Un hombre que no solamente hacía reír, también utilizaba la comedia para señalar los problemas del país y retratar a esos personajes que uno podía encontrarse en la calle, en el transporte o hasta sentados en la sala de la casa.
Trabajó en cine, teatro y televisión y dejó personajes que se quedaron pegados en la memoria del público como chicle debajo de pupitre. enfermo de la sangre, alcohólico, gey. Mira qué bonito te dice. Su madre era Josefina Gomiz, mejor conocida como Pepita Gomiz. Ella era maestra de historia, investigadora y conductora de televisión.
Durante los años 60 estuvo al frente de Telekinder, un programa educativo dirigido a los niños. Así que Héctor no creció solamente con un padre dedicado a la actuación, también tuvo una madre preparada, estricta [música] y muy involucrada en la educación. Y fíjense, amigos, uno podría imaginar que dentro de aquella casa todo era carcajada, ocurrencia y relajo, [música] pero la realidad era bastante diferente.
Héctor ha contado que la personalidad de sus padres era casi al revés de lo que la gente suponía. Muchos pensaban que su papá era el hombre duro y que Pepita era la parte dulce de la familia, pero según él, don Héctor era cariñoso, generoso y de estar repartiendo besos y palabras de amor a cada rato. Héctor Suárez y quien fuera su esposa por 35 años, Pepita Gomí, reaparecieron.
Su madre, en cambio, era lo contrario. Como decía mi abuelita, cada casa tiene su propio modo de coser los frijoles. Y en la de los Suárez Gomí, el cariño existía, pero cada uno lo demostraba de una manera distinta. [música] De su padre recibió abrazos, besos y palabras bonitas.
[música] De su madre recibió disciplina, estudios y una atención muy especial a lo que ocurría dentro de su cabeza. Desde pequeño, Héctor mostraba una personalidad distinta. Era un niño inteligente, con una memoria muy desarrollada y con la capacidad de aprender rápidamente. [resoplido] [música] En la escuela llegaron a adelantarlo de grado, pero su mamá se dio cuenta de que separarlo de sus amigos podía afectarlo.
Por eso habló con las maestras y les pidió que no lo siguieran apartando de los niños con los que se sentía seguro. Ella misma se comprometió a encargarse de su desarrollo intelectual. Mamá, la última vez que lo hicieron ya habló con las maestras, les dijo, “Yo me encargo de su de toda su educación cognitiva.” Para cumplirlo, Pepita lo llevó a tomar clases particulares de historia universal, historia de México e Historia del Arte.
Lo curioso es que no estudiaba con otros niños, sino con adultos. Mientras muchos chamacos de su edad apenas estaban pensando en salir al recreo y echarse una cascarita, él [música] ya se encontraba escuchando hablar de movimientos artísticos y personajes históricos. Fue precisamente en aquellas clases donde descubrió su pasión por la pintura.
El realismo y el impresionismo no terminaron de atraparlo. Sin embargo, aunque su madre notaba que necesitaba mantenerse cerca de sus amigos para sentirse seguro, en aquel momento nadie sabía exactamente qué sucedía con él. A Héctor se le complicaban algunas formas de convivencia y había situaciones que no entendía como los demás.
Años después revelaría que se encontraba dentro del espectro autista en el nivel uno, condición que anteriormente era conocida como Asperger. De niño me adelantaban años en la escuela. Este, Héctor, qué bárbaro. Y eso explicaría muchas cosas de su infancia, [música] como su necesidad de sentirse acompañado por personas conocidas, [música] su dificultad para ciertas interacciones y la seguridad que encontraba al conservar sus rutinas.
[música] Pero en aquellos años no había un diagnóstico que pusiera las piezas sobre la mesa, así que la familia solamente trataba de ayudarlo como podía. Su entrada al mundo artístico ocurrió muy temprano. A los 5 años participó junto a su madre en una campaña de Coca-Cola. En las corcholatas aparecían fotografías de actores y conductores y en el comercial él enseñaba la imagen de Pepita mientras decía una frase que nunca olvidó, “Sí, como mi mami.
” Después [música] hizo un cortometraje con su padre y comenzó a recibir pequeños papeles infantiles. Sus padres le permitían participar siempre y cuando el trabajo no interfiriera con la escuela. No era cosa de aventar los cuadernos por la ventana. para irse a perseguir reflectores. Primero estaba la educación, después todo lo demás y aparecía mi papá y aparecía mi mamá y el comercial de Coca-Cola campaña la hice con mi mamá.
La primera oportunidad importante para la que recibió permiso llegó a los 14 años cuando entró a la obra Vaselina. Para entonces ya conocía los estudios, los escenarios y la manera en que se trabajaba detrás de las cámaras. [música] Pero una cosa era acompañar a sus padres y otra muy distinta comenzar a demostrar que también podía sostenerse por sí mismo.
Órale, porque ahí comenzaba el verdadero paquete. No solamente tenía que aprender a actuar, cantar y moverse sobre un escenario. También debía enfrentarse a una comparación que lo perseguiría durante buena parte de su carrera. Cada vez que aparecía, siempre había alguien dispuesto a preguntarse si tenía el talento de su padre o si solamente estaba ahí gracias al apellido.
Y y pues, ¿qué qué chingan hacer en una casa donde hay un genio, ¿no? O sea, yo sí le tuve y le he tenido que chingar. Él mismo ha reconocido que crecer en una casa donde vivían figuras importantes en el espectáculo mexicano, la neta ser hijo de una figura tan grande podía abrirle una puerta, [música] pero también hacía que todos se quedaran parados en la entrada, vigilando qué también hacía las cosas.
Cualquier acierto podía ser atribuido al apellido [música] y cualquier error se convertía en motivo para decir que jamás estaría a la altura. Y por si fuera poco, la infancia de Héctor parecía sacada de una película. No creció jugando únicamente con los chamacos de la cuadra. Resulta que vivía en la misma zona privada donde también estaban Luis Miguel, Roberto Palazuelos y Andrés García.
Sí, así como lo oyen. Mientras muchos apenas salían a echar carrilla con los vecinos, [música] él convivía con quienes años después terminarían convirtiéndose en algunas de las figuras más famosas del espectáculo mexicano. Del lado izquierdo vivía Mickey y en la 24, el lado derecho al fondo, vivía Andrés García.
Incluso con el paso del tiempo le tocaría presentar a Stephanie Salas con Luis Miguel, sin imaginar que aquella presentación acabaría convirtiéndose en una de las historias más comentadas de la farándula. Como dijo mi prima, hay quienes presumen que conocieron a los famosos, pero Héctor prácticamente los vio crecer. Para que se vean amigos, apenas vamos calentando motores, porque mientras más le escarvamos a la vida de Héctor Suárez Gomiz, más sorpresas empiezan a brincar.
Como decía mi abuelita, el comal se conoce cuando ya está bien caliente. ¿Consideras que ser hijo de una leyenda le facilitó la vida a Héctor Suárez Gomiz? ¿O crees que ese apellido terminó convirtiéndose en una carga demasiado pesada? El que le presenta a Stefanie soy yo. Ah, sí. En 1985, Stefanie, cuando la suerte le dio la espalda y luego le cambió la vida.
Después de descubrir en el teatro que la actuación [música] era lo suyo, Héctor pensó que el siguiente paso sería mucho más sencillo. Ya tenía una oportunidad para entrar de lleno a la televisión con la telenovela Principesa y todo parecía indicar que por fin iba a comenzar una carrera que llevaba años [música] imaginando.
Pero como dijo mi madrina, nunca cantes victoria antes de que hiervan los frijoles. La enfermedad lo obligó a abandonar el proyecto y la producción no tuvo más remedio que reemplazarlo. [música] Imagínense el trancaso. Apenas estaba tocando la puerta de la televisión y de un momento a otro se quedó viendo cómo la oportunidad se le escapaba de las manos.
cualquiera se hubiera desanimado después de un golpe así, [música] porque una cosa es que no te contraten y otra muy distinta, que sí te den el trabajo y una enfermedad te deje fuera cuando apenas ibas empezando. Como lo veía lo veía con pelo blanco y siempre me decía, “Soy tu tío no me pases una.” Sin embargo, Héctor decidió levantarse y seguir buscando otra oportunidad.
Ahí fue entendiendo cómo se movía realmente el mundo de la televisión, los llamados desde temprano, las horas de espera, repetir una escena una y otra vez y aprender a tener paciencia, porque en este negocio el que se desespera termina aventando la toalla antes de tiempo. Cuando llegaron producciones como Mi segunda madre y Balada por un amor, no eran todavía esos personajes que hacían que la gente lo detuviera en la calle para pedirle un autógrafo, [música] pero cada trabajo le iba dejando experiencia.
Como decía mi prima, nadie aprende a hacer tortillas no más viendo cómo se calienta el ambiente. El verdadero cambio llegó en 1990 con [música] Alcanzar una estrella. Aquella telenovela se convirtió en un fenómeno entre los jóvenes. Tenía música, romance, sueños de fama y un elenco que poco tiempo después terminaría convirtiéndose en uno de los más populares [música] de la televisión mexicana.
El típico chico. Héctor interpretó a Pedro Lugo, un personaje que rápidamente conectó con el público. Además, compartía buena parte de la historia con Andrea Legarreta, quien daba vida a Adriana Mastreta. La química entre los personajes funcionó bastante bien y muchos comenzaron a identificarlo gracias a esa producción.
El éxito fue tan grande que al año siguiente apareció Alcanzar una estrella dos. Ahí regresó como Pedro Lugo y compartió pantalla con figuras como Ricky Martin, Sasha Socol, Vivi Gaitán, Eric Rubín y Pedro Fernández. Para que se den una idea, parecía una fábrica de futuras estrellas. Hoy puede parecer algo sin importancia, pero en aquellos años los productores buscaban protagonistas con abundante melena.
Cuando algunos lo vieron cada vez más calvo, no faltó quien le dijera que jamás volvería a conseguir un papel importante. En lugar de esconderse o intentar disimular la caída del cabello, Héctor tomó una decisión que sorprendió a todos. agarró la rasuradora y se quitó lo poco que le quedaba. Más de uno pensó que estaba firmando el acta de defunción de su carrera artística.
Estamos hablando de principios de los 90 y en ese entonces no existían los los injertos de hoy en día. Injertos. Pero él no lo veía de esa manera. Incluso llegó a decir que algún día protagonizaría una serie siendo completamente calvo. Muchos creyeron que estaba soñando demasiado alto y entonces ocurrió lo inesperado.
En el año 2001 apareció diseñador de ambos sexos. [música] Héctor interpretó a Juan Felipe Martínez, un diseñador de modas que para conseguir trabajo dentro de una importante empresa fingía ser homosexual utilizando la identidad de Jean Philip Martín. Desde el primer capítulo comenzaron los enredos, las mentiras, las discusiones y las situaciones cómicas que terminaron conquistando al público.
Mucho más besando a este tipo que cualquier beso que me hayas dado en tu vida. [risas] La serie fue un éxito y colocó a Héctor Suárez Gomez en una etapa completamente distinta de su carrera. Mucha gente ya no lo identificaba solamente por las telenovelas juveniles. Ahora bastaba con mencionar a Jean Philip para que supieran exactamente de quién estaban hablando.
Y es que así es la vida, amigos. Tiene unas vueltas más raras que una licuadora sin tapa. Primero, [música] una enfermedad le quitó su debut en televisión y años después [música] la calvicie que muchos veían como el final de su carrera terminó convirtiéndose en parte de la imagen que lo hizo más famoso. Como decía mi vecina, el destino a veces te quita una silla para sentarte en un sillón más grande.
Espérate, millonario. ¿No estás viendo que estoy haciendo ejercicio? Quiero hablar contigo, imbécil. A partir de ese momento siguieron llegando proyectos en televisión, teatro, conducción y comedia. Héctor ya había encontrado su lugar dentro del medio artístico y aunque todavía le faltaban muchas pruebas por enfrentar, por fin había conseguido algo que ningún actor puede comprar con dinero.
Había logrado que el público recordara su nombre por su propio trabajo. ¿Crees que la decisión derraparse terminó siendo el mayor acierto de la carrera de Héctor Suárez Gomiz? ¿O piensas que su éxito habría llegado de cualquier manera? Sin pelos en la lengua y con pleitos por todos lados.
A pesar de que Suárez Gomiz ya había conseguido fama, con el paso de los años comenzó a hacer noticia por algo muy distinto a sus personajes. Su forma de hablar, sin medir demasiado las consecuencias, empezó a provocarle enfrentamientos, críticas y uno que otro enemigo dentro del medio. Porque la neta, Héctor nunca ha sido de esos que sonríen, dan la mano y después se quejan en privado.
Él dice lo que piensa en el momento y frente a quien tenga enfrente. [música] Como dijo mi vecina, hay gente que guarda el coraje debajo del colchón y hay otros que lo sacan antes de que le sirvan el café. Nunca me meto con nadie, pero no dejo que se metan conmigo. Pero porque no le pareció a piedra de zapat. Ah, pues no.
Otro otro güey que también, o sea, zapatero a tus zapatos. Una de sus primeras grandes inconformidades fue debido a la falta de continuidad en Televisa. Después del éxito de diseñador de ambos sexos, cualquiera habría pensado que le iban a llover las ofertas, pero según él ocurrió todo lo contrario. La empresa le dio las gracias y tuvo que volver a buscar trabajo por su cuenta.
Aseguró que nunca perteneció al grupo de actores consentidos a quienes les daban contratos largos, proyectos asegurados y hasta casa. Mientras otros tenían la mesa puesta, él sentía que siempre tenía que llegar con su propio plato, su cuchara, y todavía preguntar si podía sentarse. La situación llegó a tal punto que realizó más de 50 castings en 5 años sin quedarse en ninguno.
Él nunca habló de un veto formal, pero aquello comenzó a oler a un veto silencioso. Esos que nadie anuncia, nadie firma y nadie reconoce, pero que se sienten cada vez que el teléfono deja de sonar. Como dijo mi compadre, no hace falta que te cierren la puerta en la cara cuando simplemente dejan de abrirla. Por eso comenzó a buscar oportunidades en el extranjero y terminó trabajando con frecuencia en Telemundo.
Un actor por el que se peleen los productores ni al que llamen constantemente. Por ejemplo, la última serie. Ahí participó en producciones como Betty en Nueva York y 100 días para enamorarnos, además de conducir la isla. Mientras en México sentía que nadie lo llamaba, fuera del país sí encontraba trabajo.
Y es que nadie es profeta en su tierra, pero tampoco hay que quedarse tocando la misma puerta hasta que se caiga la alaba. Lejos de hacerse la víctima, comenzó a escribir y producir sus propias obras. El pelón, en sus tiempos de cólera se convirtió en su mejor caballo de batalla y logró mantenerse durante años gracias al público, las giras y el boca a boca.
Héctor entendió que si esperaba a que una televisora rescatara su carrera, podría terminar echando raíces junto al teléfono, pero sus problemas con la televisión no se limitaron a la falta de oportunidades. Cuando Javier Alarcón lo invitó a participar como comentarista de boxeo en Televisa Deportes, varios compañeros no recibieron con gusto la llegada de un actor al área deportiva, pero estaban muy mal, me dejaban con la mano estirada.
Neta, a ver, no sé, actorcito viene a quitarle el puesto a alguien que sí se dedica a Héctor sabía de boxeo, lo había practicado desde niño, veía las peleas junto a su padre y conocía tanto la técnica como la historia de ese deporte. Sin embargo, cuando llegó a Televisa Deportes, algunos no lo recibieron precisamente con mariachi y con Feti.
Uno de ellos era Jorge Mile, periodista y narrador especializado en boxeo, con quien la tensión terminó explotando durante una función en León. Ambos comenzaron a discutir. Mé hizo un movimiento como si fuera a golpearlo y él decidió adelantarse soltándole un puñetazo. Y yo sentí que me iba, o sea, hice una finta que me iba a pegar y antes que me diera yo le puse el y ahí le hablé y le marqué a Javier Alarcón y le dije, “Güey.
” Después no trató de esconderse debajo de la mesa. Llamó directamente a Javier Alarcón y reconoció que había golpeado a un compañero mientras llevaba puesto el uniforme de Televisa Deportes. [música] Incluso dijo que si la empresa quería despedirlo, aceptaría las consecuencias. [música] Como decía mi comadre, el que rompe la cazuela por lo menos debe quedarse a recoger el maíz.
El asunto todavía salpicó a Jorge Pietra Santa, quien salió en defensa de Milé y le lanzó la frase matadora, “Zapatero a tus zapatos.” O sea, zapatero a tus zapatos. Y entonces le dije, “Es me parece el dicho más mediocre y estúpido del mundo. ¿Por qué nada más a los zapatos?” Sin embargo, [música] aquella no sería la única ocasión en que su nombre aparecería relacionado con un pleito.
Años después, el comunicador Vicente Serrano lo acusó de haberlo agredido y de romperle los lentes durante una discusión en un restaurante de la Ciudad de México. Incluso [música] el agredido acudió a las autoridades, pero Héctor no se quedó con la boca cerrada. También se manejó la versión de que detrás de aquella bronca existían diferencias políticas, porque Héctor era un crítico del gobierno de Andrés Manuel López Obrador mientras Serrano apoyaba su gestión.
El actor incluso convocó a una conferencia para presentar su versión de lo ocurrido. Como decía mi comadre, cría fama y échate a dormir. Con cada nueva bronca, la imagen de Héctor dejó de ser la del actor y comenzó a ser la de un hombre que siempre estaba listo para responder. La pregunta es, ¿crees que Héctor solo se defendía o que en realidad sí es de esos gallos giros que tiene fama de peleoneros? en sus redes lo acusó de hacerse la víctima porque le gusta vivir del escándalo.
Fue lo que dijo el novio fugitivo que terminó eligiendo la soledad. En el amor, Héctor Suárez Gomiz también intentó seguir la receta que casi todos conocen: enamorarse, casarse, formar una familia y compartir la vida bajo el mismo techo. Pero la neta, desde su propia boda, comenzaron a aparecer señales de que aquella convivencia no iba a ser en Chilame otra.

Héctor se casó una sola vez por el civil. Él había pedido una celebración tranquila, con poca gente y sin demasiado alboroto, pero una cosa fue lo que pidió y otra lo que terminó ocurriendo. Llegaron más invitados, subió la música y comenzaron los juegos de boda, incluida la famosa víbora de la mar, aquello que para los demás era pura pachanga, para él comenzó a sentirse como una olla de presión a punto de reventar.
Te la estás pasando mal y el corazón está así, güey, y sientes una angustia horrible y encima te piden que sonrías. El ruido, las personas, los empujones y la obligación de hacer cara bonita mientras todos esperaban que fuera el alma de la fiesta, terminaron por rebasarlo. Y ahí ocurrió una escena que parecía sacada de novia fugitiva, solamente que aquí el fugitivo era el novio.
En plena fiesta, Héctor se retiró un rato a su habitación y se puso a ver el fútbol hasta que bajara el mitote. Héctor todavía no sabía que existía una razón mucho más profunda detrás de su necesidad de orden, silencio [música] y espacio personal. Podía querer profundamente a su pareja, pero compartir diariamente la misma casa le resultaba cada vez más complicado.
Después rehzo su vida sentimental y tuvo a su hijo Pablo con Sandra. Héctor ha hablado con enorme cariño de sus dos hijos y también ha reconocido públicamente el papel de sus madres. Incluso ha dicho que Erika y Sandra se merecen el cielo por haberlo aguantado. Él mismo ha reconocido que las relaciones fueron muy difíciles y que sus parejas también padecieron aquella convivencia.
Para Héctor, relacionarse con otras personas ya era complicado. Imaginen entonces lo que significaba compartir permanentemente una casa, las rutinas, el ruido y hasta los silencios. He he hecho lo mejor que he podido y más y o sea, algo que es muy claro es que me desví. Por eso, después de varios intentos, comenzó a preferir relaciones donde cada quien conservara su propio espacio.
Podía amar a una mujer, pero después de pasar algunos días juntos, necesitaba volver a su casa y quedarse solo. Más vale cada quien en su jacal que los dos con los nervios de punta. Poco a poco, la soledad dejó de parecerle un castigo y comenzó a sentirse como un refugio. En su casa podía controlar el ruido, decidir si quería salir y mantener sus cosas de la manera que le daba tranquilidad.
Durante años, muchos pudieron pensar que simplemente había perdido la fe en el amor, que el divorcio lo había dejado lastimado, que ya no quería compromisos o que le había agarrado demasiado gusto a la soltería, pero la verdadera razón todavía no salía a la luz. Héctor no había dejado de creer en el amor. Lo que ya no quería era volver a compartir diariamente el mismo techo.
Para él, vivir acompañado podía convertirse en una lucha agotadora, mientras que quedarse solo significaba recuperar el aire. Aquella retirada durante su propia fiesta, la necesidad constante de espacio y las dificultades para convivir no eran simples rarezas ni caprichos de famoso. Años después recibiría un diagnóstico que terminaría acomodando todas las piezas.
Entonces entendería por qué el novio fugitivo de aquella boda había terminado convirtiéndose en un hombre que prefería amar desde su propia casa. ¿Crees que Héctor dejó de creer en el matrimonio o simplemente descubrió que su tranquilidad estaba en vivir solo? Me quedo en tu casa, te quedas en la mía, viajamos, pero cada quien regresa a su casa.
Hay quienes lo aceptan y hay quienes no. Desde niño sentía que era diferente. Le costaba convivir con otras personas. observaba cómo actuaban los demás para aprender a relacionarse y muchas veces prefería quedarse solo antes que entrar en un ambiente donde no se sintiera cómodo. Con el tiempo sentía que el corazón se le aceleraba en ciertos momentos, las manos sudaban y esa sensación horrible de que algo malo estaba a punto de ocurrir.
Para los demás podía parecer exageración, pero para él era una angustia completamente real. hasta que ya siendo adulto recibió el diagnóstico que terminó acomodando todas las piezas. Lo que antes se conocía como síndrome de Asperger, hoy identificado como autismo nivel uno. Ahí entendió muchas cosas. Cuando ya me diagnostican Asperger, eh, los primeros 10 años yo guardo silencio, güey. Yo no le digo a nadie.
Entendió por qué se había retirado un rato de la fiesta de su propia boda. ¿Por qué le costaba tanto compartir una casa? porque necesitaba silencio, orden y espacios donde nadie lo tocara ni lo obligara a convivir. También comprendió que sus relaciones no habían sido sencillas ni para él ni para sus parejas.
Héctor ha reconocido que sus exparejas se merecen el cielo por haberlo aguantado, porque vivir bajo el mismo techo podía convertirse en una complicación brutal. Desde entonces comenzó a hablar claro desde el principio. Puede tener pareja, viajar, convivir y amar, pero no quiere volver a casarse ni vivir permanentemente con alguien.
Cada quien en su casa y así hasta el cariño respira mejor. Y entonces aquello que muchos habían tomado como caprichos, desplantes [música] o mal carácter comenzó a verse de otra manera. Toda la vida el relacionarme se me complica. Entonces, o imagínate en una casa. No era que Héctor hubiera perdido la fe en el amor.
Había descubierto que para él amar a alguien no significaba necesariamente compartir el mismo techo todos los días. Más vale entenderse tarde que vivir toda la vida peleado con uno mismo. ¿Crees que este diagnóstico cambia la manera de juzgar muchas de las decisiones que Héctor tomó en su vida? Los golpes que lo hicieron cambiar para siempre.
La vida ya le había enseñado a Héctor Suárez Comí que ningún éxito dura para siempre. [música] Había sobrevivido a las polémicas, a los tropiezos y a las etapas más complicadas de su carrera, pero los golpes que realmente lo marcarían no llegarían de la televisión ni de los escándalos, sino de su [música] propia familia.
Con el paso de los años, la salud de su padre, Héctor Suárez comenzó a deteriorarse. Para millones de personas seguía siendo uno de los comediantes más importantes de México, pero para Gomí seguía siendo simplemente su papá. Durante sus últimos días procuró acompañarlo lo más posible. Las diferencias que pudieron existir en otros momentos quedaron atrás.
Cuando la vida [música] empieza a cobrar la cuenta, hasta los pleitos más viejos salen debiendo. Mi papá durante toda la gira de los locos Suárez siempre me dijo, “Yo cuando ya esté listo voy a entrar en una meditación profunda y me voy a quedar ahí.” La muerte de Héctor Suárez en junio de 2020 dejó un vacío enorme.
No solo perdía a un padre, también al hombre que le había enseñado a respetar esta profesión, a prepararse siempre y a nunca conformarse con hacer las cosas a medias. Sin embargo, la vida todavía tenía otro golpe guardado. En 2025 [música] también falleció su madre, Pepita Gomiz. Con su partida terminó una etapa que había acompañado a Héctor desde el primer día de su vida.
De un momento a otro se quedó sin las dos personas que habían sido el cimiento de su historia. Aunque el dolor fue enorme, también comenzó a valorar todavía más las enseñanzas que ambos le dejaron. De su padre heredó la disciplina, el profesionalismo y el [música] respeto por el escenario de su madre. Aprendió la curiosidad, el gusto por aprender y la importancia de cuestionar las cosas antes de aceptarlas como verdades.
No hay árbol que no resista muchos vientos, pero cuando pierde las raíces aprende a sostenerse de otra manera. Después de despedir a sus dos padres, Héctor comprendió que la vida podía cambiar de un día para otro. Aquellas pérdidas lo hicieron mirar hacia atrás, agradecer el tiempo compartido y entender que al final el mayor legado no eran los aplausos ni la fama, sino [música] todo aquello que sus padres sembraron en él y que todavía lo acompaña hasta el día de hoy.
¿Crees que perder a sus dos padres fue el momento que más transformó la forma de ver la vida de Héctor Suárez Comí? Murió en mis brazos. ¿Cómo crees? Se me fueron. Es que se me fueron muy Los dos. Se me fueron en año y medio. Los dos así. ¿Cómo fue el éxito que encontró cuando dejó de perseguir la fama? Después de tantos años frente a las cámaras, Héctor entendió que la fama podía hacer mucho ruido, pero no necesariamente daba tranquilidad.
[música] ya había conocido los aplausos, las portadas, los programas exitosos y también el otro lado del espectáculo, cuando el teléfono deja de sonar y los reflectores apuntan hacia otro lado. Con el tiempo comenzó a buscar otros caminos. Se metió de lleno en la escritura, publicó libros y encontró en las palabras una forma distinta de contar historias.
También siguió trabajando como productor, director y maestro, compartiendo todo lo que había aprendido durante décadas dentro del medio. A eso se sumaron las conferencias, [música] donde comenzó a hablar sobre ansiedad, relaciones humanas y la forma en que cambió su vida después de conocer su diagnóstico. En lugar de esconder lo que había vivido, decidió usarlo para conectar con otras personas.
Hoy continúa presentándose en teatro, escribiendo, dando conferencias y manteniendo contacto con el público mediante sus redes sociales. Ya no parece obsesionado con volver a ser el hombre más solicitado de la pantalla. Ahora elige los proyectos que realmente le interesan y trabaja desde un lugar mucho más personal.
¿En qué teatro está, sector? en el en el nuevo teatro Versalles aquí en la ciudad de México. O sea, me impresionó llegar a Después de todo lo vivido, [música] también cambió su manera de entender el éxito. Para él ya no parece estar solamente en el dinero, la fama o los grandes contratos, [música] sino en poder hacer lo que disfruta, conservar su libertad y vivir de acuerdo con sus propias reglas.
La fama sube como espuma, pero la paz no se compra. [música] ni con palco de primera fila. Una historia que sigue escribiéndose. Hoy, con 64 años de edad [música] y más de cinco décadas de carrera, Héctor Suárez Gomiz continúa activo sobre los escenarios, escribiendo nuevos proyectos y demostrando que su historia todavía tiene muchos capítulos por contar.
Yo vine a vivir mi vida, no a vivir la vida de mi papá. Oye, pero pero a pesar de de ¿Piensas que el verdadero éxito de Héctor llegó cuando dejó de perseguir la fama? Si te gustó esta historia, déjame tu like, suscríbete al canal y activa la campanita para no perderte los próximos videos.
Gracias por acompañarme y nos vemos hasta la próxima. M.